Un libro del siglo XVI rezaba: "los magos dicen que si una persona se frota a sí misma con un diente de león será bienvenido en todas partes y obtendrá lo que desee".

lunes, 17 de febrero de 2014

ESPERADORES - MI HÉROE (R. Creek)

 
©Brandi Sherman Germana

Salva se pasa los días lanzando telas de araña y soñando con que algún día tendrá el traje de Spiderman. Su libro de protagonista se completó íntegramente con dibujos de Salvaspiderman. Un día me dijo que cuando los Reyes le regalasen el traje me iba a salvar. No se lo trajeron, pero yo con él estoy a salvo, a salvo de cualquier tristeza. Es bueno, cariñoso, noble. Es altísimo y tiene un vozarrón de tenor que llama la atención en una clase de 4 años. Tiene una imaginación desbordante, y unos dibujos que te dejarán (cuando te los mande, que lo haré, para que los disfrutes y te sigas inspirando en tu fantástico mundo en el que todo es posible) con la cabeza llena de sueños y de infancia. Te hace volar porque él vuela; sin disfraz de superhéroe, vuela. Y más alto de lo que cualquiera de los seres de ficción soñó siquiera llegar.

Los Reyes no le dejaron el traje y un día me preguntó si, cuando tuviera dinero, le regalaría uno. No abandono la idea de hacerlo; no sé cómo sin distinguirlo de los demás. A lo mejor se lo dejo al lado de un camellito, como si se hubiera perdido de la caravana de los Reyes y hubiera tardado en llegar a Peñaranda. A lo mejor ése puede ser el tema del cuento y cuando lo contemos en clase... ¡zas! aparece el traje en el cesto de los disfraces, envuelto al lado de un camellito. Me muero de risa imaginándolo. Si puedo, grabaré toda la escena, jajajaja. Voy a esperar a carnaval, por si se lo compran. Si no es así, no sé si de esa forma o de otra, pero lo tendrá.

Salva es el mejor amigo que nadie podría desear. Y el que da los mejores abrazos. Es el siamés de Manuel. Lo quiere con locura. Tanto que es capaz de dejarle ser Spiderman.

S- Yo soy Spiderman.
M- Yo también soy Spiderman.
S- No, sólo hay uno.
M- ¡Soy yo!
S- Bueno, vale, somos los dos ¿quieres?

No los dejo sentarse juntos; sólo pueden juntarse para jugar, porque, de lo contrario, no se enterarían de nada terrestre ¡tanto es lo mágico que tienen que compartir! Todos los días, cuando nos sentamos en la alfombra, Salva me suplica: "No vamos a hablar, vamos a atender" (quiere que lo deje sentarse a su lado). Todos los días digo: "Bueno, vamos a darles otra oportunidad", pero es pedirles algo totalmente sobrenatural, incluso para un superhéroe como él. 

Manuel se ha enamorado de Laura y, por supuesto, Salva, que no piensa para nada en noviazgos, también se ha convertido en novio de Laura. Manuel es su héroe. Después de Spiderman, claro está. 

De Salva podría hablar sin parar, como él mismo habla, sin parar, de mil mundos que a cualquier mortal nos gustaría visitar.

ESPERADORES. VANALIKA (R. Creek)


Vanalika, la tía de Dhara, pasó toda su vida encendiendo bengalas creyéndolas antorchas. Cada vez que se decidía a prender la chispa de una de ellas, lo hacía en el convencimiento de que se trataba de la fuente eterna del calor. De haber sabido lo poquito que duraban, quizá nunca hubiese derrochado (con lo que a ella le costaba, y lo a oscuras que se quedaba) tanta energía en encenderlas. A la oscuridad se terminaba acostumbrando. Lo que la hacía llorar era el contraste, el vacío que le provocaba pasar de la luz a...


(Él llega a las 7:30 de la tarde. Lo sé porque, indefectiblemente, día tras día, los muelles comienzan a gemir, las patas de la cama galopan).



MANDARINAS (VÍCTOR HEREDIA)





Recuerdo cuando niño
robaba mandarinas
redondeces de oro

que una dulce vecina
cuidaba de mis garras,

mis garras asesinas,
como quien cuida al tiempo

que no arruine la vida.

Yo esquivaba en la siesta

la leve ligustrina,
sobornando a su perro

con sobras de cocina
y entraba al terrenito

de doña Catalina
que dormía sus sueños

 tras pesadas cortinas.

Alzaba mi tesoro

y escalaba la encina.
Después, con un silbido,
le avisaba a Cristina
y comíamos juntos

y ella a veces reía
con risa transparente 

y fulgor de aguamarina.
Silbo de vez en cuando

para ver qué sucede,
aunque hace tantos años

que talaron la encina
y, aunque no me lo crean,

 a veces siento risas
y un perfume en el aire

como de mandarinas.

viernes, 19 de octubre de 2012

IMPOSSIBLE IS NOTHING, que decía aquél... (R. Creek)


LO IMPOSIBLE ¡Qué timazo! ¿Cómo se puede convertir una tragedia real a la que no hay que añadir absolutamente nada para que te conmueva (simplemente narrarla), en un esperpento digno de las películas de sobremesa dominicales de A3? Parece imposible, pero Lo imposible lo hace posible. Tras una primera hora que es un pésimo remedo de una película de terror de serie B (La matanza de Texas, cualquiera de las vueltas de Jason, o incluso Tiburón tienen menos carnaza), parece que hay un leve intento de girar la trama hacia la parte más panfletaria de “La ciudad de la alegría” (la película, no la novela), y como la primera hora ha sido tan tremenda crees que incluso con eso serías magnánima y la salvarías un poco. Pero no, el guionista cambia de opinión y empieza una larguísima secuencia tipo “El camarote de los hermanos Marx” pero en versión “De los Apeninos a los Andes”. Todo se remata, previa escena tipo Titanic, y sientes un inmenso alivio. Tremendo, ha sido tremendo. La publicidad que le hacen continuamente dice que la gente sale llorando a lágrima viva, será de decepción; yo no he parado de mirar al personal con cara de ¿soy a la única que le parece un aunténtico fraude? y he oído hasta ronquidos. Eso sí, el cine estaba que no cabía un alfiler, así que no he picado yo sola. ¡Ah! No perdáis de vista las cicatrices de la frente de la protagonista porque tienen más registro que el resto del reparto al completo, extras incluidos. Y no digo más, que estaréis deseando verla… :p



lunes, 17 de mayo de 2010

TEODORO (R. Creek) / EL SON DE LA VIDA (Macaco)


© Thomas Zimmer


He andado todo el día tan tranquila sin saber que, desde esta mañana, me faltaba un pedacito de corazón. Se me ha quedado tronchado el compartimento donde albergo los buenos e imborrables recuerdos, ésos que verbalizados no expresan nada, porque son recuerdos sentidos, y bien bien hondo.

Pienso en Teodoro y siento su alegría, incluso entre mis lágrimas la siento. Veo sus ojos, siempre chisporroteantes, como su sonrisa. Nunca escatimó ni humor ni cariño, por más gruesa y pesada que la vida le cargase la mochila; y se la cargó de veras, como si fuese el propio Hércules quien hubiese de portarla, y no un frágil humano, con fibra cordal de platino puro, eso sí, pero mortal al fin y al cabo.

La vida, que cuando le da por ahí, y sin el menor motivo, es putarreputayrecontraputísima, se cebó bien con él, y desde bien chiquitito. Le hizo currar como hombre curtido a la edad de jugar a las chapas y jamás le dio tregua ni respiro. Trabajaba sin horarios, con poco más descanso que el de echarse una siesta ligera. Y por si eso fuera poco, la vida se encargó de intentar lastrar aún más sus espaldas con sinsabores de todos los colores. Pero por más cargas y causas de tristeza que le envió, él jamás tuvo una mueca de amargura, disfrutó a pesar de las jodiendas, y tuvo humor y amor de sobra como para contagiarlo. A pesar de que, como digo, la vida parecía haberse tomado como reto personal el hacer desaparecer su sonrisa, él hizo como si nada, y tiró p’alante, haciendo de la queja motivo de sonrisa. Pero que se joda la vida perdedora, porque se ha ido agotado, se ha ido vencido y sin resuello, se ha ido apalizado y vapuleado… pero se ha ido sin pena.

Hoy, en la eternidad, los luceros de los que ya se fueron están de fiesta, riendo, a buen seguro, con él entre ellos. Ese hombre sencillo, de apariencia tan pequeña y anónima, disfrazaba a un ser tan enorme, tan colosal como para dejar en los que nos quedamos una huella y una pena tan profundas que nos hacen bendecir, una y mil veces, la suerte de haberle conocido.

Un besito p’a tu sonrisa, ahora sí que sí, infinita y eterna, Teodoro, que no me sorprende lo mucho que te quiero y te recuerdo con el cachito tan pequeño que caminé contigo.

El son de la vida
[Esto se ha hecho con un cariño tal,
para que todo mundo lo baile
y que sientan el placer de lo que es bailar]

Llevo las miradas guardadas y un pasado que no fue.
Llevo las llaves olvidadas de un cerrojo que nunca encontré.
Pero hoy cambiare el orden de los momentos.
Tu sol será mi centro. La vida es hoy, ni mañana ni ayer.

Y danzaré al son de la vida, danzaré al son de la vida gritando eh eh eh... ah
gritando eh eh eh... ah

Los restos del naufragio convertidos en oro de ley
Porque si todo se mueve lo que perdura inalterable es saber
Que la vida es un giro de más de un sentido, y que vale vale tu sol que el mío encontré
Soñando en la misma orbita navegando en el mismo vaivén

Y danzaré al son de la vida, danzaré al son de la vida gritando eh eh eh... ah
gritando eh eh eh... ah



jueves, 14 de enero de 2010

ESPERADORES. PARA UN MUÑECO DE NIEVE, 1 ES EL NÚMERO PERFECTO (R. Creek)




- No he vuelto a ver al viejito del banco de la esquina...

¿Desde cuándo lo llamo viejito? Hace apenas 15 días era "el hombre del banco de la esquina". Hace dos meses, "la parejita del banco de la esquina".

Lo llamo viejito desde que se ha convertido en esperador. Espera una vuelta que no va a producirse, y lleva un tiempo hablando más de muerte que de vida. Sus ojos vidriosos son los de un animal disecado vivo a pleno dolor. Mantiene, sin embargo, la sonrisa, pero es una sonrisa helada de muñeco de nieve, de dureza que no va a derretirse nunca más en ternura. Porque ahora es uno, el número perfecto para cualquier montón de hielo que no anhele sino un invierno sempiterno. El número perfecto para quien la pérdida del 2 le ha privado para siempre del 3, 4,...

El viejito del banco de la esquina sólo espera a que la familia de ella le dé, por fin, tras tantos años, consentimiento para acostarse a su lado. Pero ahora lo hará en el nicho.

 

domingo, 6 de diciembre de 2009

NO TENGO ESPACIO SUFICIENTE PARA TANTO VACÍO (R. Creek)

Dibujado por Elaine.


Acabo de verla en Redes, en un capítulo sobre el suicidio, sobre un muro pintada: No tengo suficiente espacio para tanto vacío. Rotundo. Tremendo.




He estado buscando dónde escribirlo, mi libreta de ralladuras emanadas de lecturas. He encontrado una, pero estaba llena, sin más espacio para tanto vacío, para tanto vacío que estuvo tan colmado. He pensado, mirándola por encima, la emoción con que leí un libro que me recomendaste, un libro irregular que logró prenderme, sin embargo, posiblemente por el mero hecho de que fueses tú quien me dejaste entre sus hojas al partir. Y pienso que ésa fue la razón de mi entusiasmo porque, en cambio, la segunda lectura a la que me lanzaste, siendo superior en calidad y trama a la primera, sufrió un injustísimo abandono por mi parte: había adivinado que tu emoción por ambos libros tenía idéntica índole que la que me llevaba a sumergirme tan profundamente, pero origen contrapuesto. Así, irónicamente, estabas haciendo que me enamorase de textos de los que otra te había hecho, a su vez, enamorarte, una otra que me trajo, a través de ti, dolor de tortura en los más depravados ingenios torquemadianos bajo los más maquiavélicos pretextos. Llegada a esa conciencia, con el corazón helado, tuve que abandonar su lectura para no elegir abandonarte a ti.




Quién sabe, quizá ahora que te voy abandonando completamente pueda reconciliarme con él, emane de él otra, otra mujer tan distinta como me siento ahora mismo. No la que era antes de ti, pero al menos tampoco la que he sido contigo.

viernes, 21 de agosto de 2009

LA TRISTEZA DEL ERIZO (R. Creek)


Cuando empecé a leer La elegancia del erizo me entusiasmó tanto leer pensamientos comunes y otros que Muriel me descubría, que empecé a recomendárselo a todo el mundo. Pequé de apresurada porque, hacia el primer tercio, empezó a hacerse denso como el chocolate de antaño. ¿Cómo se puede dedicar un libro entero a las divagaciones personales que todos tenemos? Es cierto, yo las vuelco en un blog. A fuerza de leer los mismos pensamientos una y otra vez, página tras página, con diferentes expresiones, o incluso con las mismas, dejas de disfrutar incluso de las reflexiones comunes.

(Si no lo has leído y piensas hacerlo, detente aquí).

Hacia el final del libro la historia vuelve a cobrar algo de ritmo... para terminar de sopetón con una bofetada tremenda que era lo que a mí me sobraba en ese momento. Atravesaba un trance (aún no acabado, pero creo que va suavizándose) en el que empezaba a estar convencida de que los pesimistas tienen razón: después de algo malo, o asociado a ello, no viene un suceso por el que el sufrimiento padecido cobra sentido; después de algo malo es probable que llegue algo peor, o igualmente caótico y desprovisto de toda lógica, inesperado e inesperable. Después de un sinsentido llega el caos más absoluto. En ésas estaba, debatiéndome entre ¿salir a flote con esas frases paliativas que me repito cuando dejo de tener el más mínimo control sobre el significado de la vida? ¿o rendirme al desaliento más absoluto, derrotada por todo lo que se empeña en convertirse en mi vivencia? En ésas estaba, sí, cuando Muriel despertó en su historia un poquito de esperanza ilusionada (o de ilusión esperanzada) con que agasajar a Renée sólo para, de forma tan ridícula como repentina (la vida misma), y re-matando la faena (y el libro), dejarla caer desde la cota más alta que había alcanzado en su llana existencia afectiva.

No he podido evitar hacer un paralelismo con lo que yo siento ahora, y he tenido tres visiones de todo lo que me ha estado sucediendo, de por qué estoy de pronto aquí, donde no me reconozco. ¿Para qué quiero que la vida me eleve hasta más allá de las estrellas? A ras del suelo no se vive tan mal. Elevarse es la sensación más increíble y maravillosa del mundo, sobre todo si lo haces del modo en que yo suelo hacerlo: poquito a poco, sin inflamarme de repente y salir despedida, sino como se elevan las cometas a las que se les va soltando el hilo de a poquito. Ese vuelo es impagable. Sin embargo, cuando estoy próxima a alcanzar otra galaxia, cuando mis labios se espiritrompan para recibir el roce del beso de una estrella, el hilo se corta inesperadamente, y mi caída no es lenta y deleitante como lo fue la subida, mi caída es vertiginosa y dura, tanto que no vuelvo al punto de partida desde el que inicié el vuelo: me hundo en el impulso hasta el NiFe y más allá. No es la caída de quien tropieza en el suelo y cae al mismo suelo; ahí la recuperación es rápida, basta un leve impulso para recuperar la posición inicial. En mis guarrazos me toca remontar desde un punto casi tan bajo respecto al horizonte como alto estaba el beso estelar. Creo que podré escalar hasta ese punto seguro en que nada es espectacular pero nada es terrible, creo que podré volver a subir hasta el nivel del mar. Pero más arriba ya no quiero.

La segunda visión-metáfora era la de una niña-ventosa. Me surgió en una conversación eaeaea que he tenido contigo y en la que te decía eso mismo, que: mi tristeza es una especie de tristeza que sólo es capaz de sentir quien ha sido muy feliz, así que, después de todo, al menos llegué a saborearlo en muchas ocasiones, llegué a tocar el paraíso muchas veces. Por eso no me resigno a tener que vivir en este páramo, y tampoco tengo fuerza ni gana de emprender un camino que me subirá a lo más alto para después caer vertiginosamente no de vuelta al terreno en el que estaba, sino al fondo de una sima que me cuesta remontar. Al menos ese trechito sí, el de la sima al terreno a nivel del mar, lo recorreré, pero no quiero volar más, y no sé cortarme las alas.

 
Soy la niña hecha ventosa frente al escaparate blindado que custodia, pero dejándola a la vista, la fábrica de chocolate. Pienso que un día, a fuerza de concienciarse del grueso e insalvable cristal, ese deseo infructuoso y apasionado de degustación, deglución, rechupeteo, baño, inmersión absoluta en cacao... dejará paso a la contemplación sin más, la chocolatería se convertirá en paisaje que disfrutar sin anhelar.

Y la tercera visión vino prendida de esto otro que te he dicho, y en lo cual me quedé enganchada como el eco entre montañas siamesas: Siempre me he guiado por el corazón y me he lanzado a todo porque siempre he creído que todo era posible. Soy una pueril adolescente que no se desengaña, y a quien la vida no deja de torear. Nunca he perseguido nada a priori, me he apasionado por las cosas cuando me han sucedido, nunca antes, sin embargo, la vida no deja de ponerme en el camino ocasiones, sabiendo que sigo siendo una puta cría que no es capaz de escapar cuando se enamora de algo o de alguien. Estoy rendida ya, derrotada, no quiero más risotadas de la vida en mi cara, que me dejan sin norte, desilusionada, triste... No entiendo nada, todo pierde sentido, hasta hablar de todo esto, porque, después de todo, la que no puede cambiar soy yo, que es lo que sería necesario para no pasar por lo mismo una y otra vez.

 
De esto vino la imagen de los pingüinos de los anuncios de Mixta. Pero ahora no hay mil pingüinos: soy el único pingüino pero que se tira mil veces. En lugar del razonamiento alguno tiene que volar de entre todos los que somos, mi pensamiento es el de que si salto 1000 veces en alguna de ellas volaré. Lo peor de todo es que no soy estúpida: me estrello contra el fondo consciente de que mis plumas son aciculares, que mis alas no soportan el peso de mi cuerpo, que me voy a dar una leche espantosa. Pero salto. Salto pensando que alguna vez tiene que ser. Ojo: si no veo barranco ante mí, no lo busco. Soy perfectamente feliz sin intentar moverme entre nubes. El problemón surge de que la vida no me gira de modo que le dé el culo al barranco y tenga ante mí una blanca llanura que anadear sin sorpresas. No sé por qué extraña razón, siempre estoy frente al barranco, y no sé inhibirme. ¿Te acuerdas de mis reservas/negativas tajantes iniciales? Pues bien, reculé, reculé y reculé para que, al final, ese recule sólo me sirviera para tomar impulso y saltar aún con más intensidad. No fui capaz de girarme solita hacia la planicie de hielo. Y salté. ¡Y cómo! Veía esas rocosidades insalvables, sabía que terminaría tan pulverizada que no podría recogérseme ni en cucharita. Y como la dificultad era tan grande, tan insalvable, salté aún con más ganas, ingenua, pensando que a mayor impulso mayor posibilidad de remontada. ¡Un carajo! A mayor impulso, mayor enterramiento en el subsuelo. Habría podido incluso reaparecer en Australia, asomando por un agujero perpetrado por mi cabeza, tal fue la fuerza de mi lanzamiento. Y a punto he estado. Quizá esté allí, en las antípodas, porque siento que en mi vida, desde entonces, todo va cabeza abajo.

Puesto que no soy capaz de darle la espalda a los barrancos y como estoy tan, pero tan, tan derrotada, he dejado de pedirle a los dioses que me den la capacidad de volar, he dejado de rogar por un Ícaro con suerte. Ahora sólo le pido una cosa sencillita: que me ponga de cara a la playa nevada, de espaldas al mar y bajo un firmamento al que no sea capaz de mirar. O estaré perdida de nuevo.

viernes, 7 de agosto de 2009

LA TERCERA OLA (R. Creek)



Hoy he visto La Ola y me he acordado de todo el hilo de pensamientos en que me sumió la de Los falsificadores: la obediencia ciega, el experimento de Milgram... Y es que resulta que esta historia está basada en hechos reales. Supongo que la parte más negra es un añadido para asimilarla a tantos casos de actualidad que no menciono para no destriparla.

Pero este mar que me ha traído estos restos de lo que yo escribía en un foro, me ha traído también, en una tercera oleada, los recuerdos de por qué dejé de hacer algo de lo que disfrutaba (compartir mis delirantes hilos sinfin) y, cómo no, esto me ha dado mecha para otro hilo sinfin.

Del mismo modo en que nos amparamos en la masa para perpetrar lo que no realizaríamos nunca en solitario, la mofa disfrazada de humor también nos sirve para arrasar lo que no nos atrevemos a incendiar a pecho descubierto. Con la máscara del humor-mofa conseguimos una serie de tres olas, o una sola ola que impacta en tres farallones: por una parte, nuestro ego se esponja al comprobar lo ingeniosos que somos; este efecto lo conseguiríamos igualmente si no dirigiésemos la inteligente payasada hacia nadie, pero haciéndolo así nos sentimos, además, poderosos, superiores al infeliz que recibe nuestro golpe (de humor, claro, sólo humor). Una segunda consecuencia es que, ante un efecto no deseado, nuestras manos están limpias: sólo bromeábamos; es una jugada perfecta pues en cualquiera de los casos el otro queda (o eso creemos) hecho un pelele: si no responde, prevalecerá nuestra burla; si lo hace y no está a la altura, reforzará la base de nuestra burla; pero si lo hace y la respuesta es un buenasnochesquedeustémpaz, también creemos salir victoriosos, pues queda patente que el otro no sabe aguantar una inocentísima broma. En tercer lugar conseguimos que, ante nuestro envite, el otro se marche por su propia voluntad, nadie lo ha echado (el sinoaguantaunabromamárchesedelpueblo que diría Gila); nos desprendemos de una molestia a carcajada (¿)limpia(?).

No es que piense o defienda que haya que callar las reacciones que el otro provoca en nosotros, pero sí pienso que expresar francamente la molestia que nos provoca su sola presencia es mejor que la burla.

Más allá de eso, me resulta incomprensible el hecho de que si alguien no se está dirigiendo a nosotros en absoluto, frecuenta poco nuestros salones, nos menciona con educación y distancia y a veces hasta con admiración, ¿hay necesidad de ir a buscarle donde quiera que se esté expresando para tirarle un tomatazo a la boca? Que lo hiciese Jiménez Losantos tampoco lo entendía, pero al menos él cobraba ¡y en qué cantidades! ¡Pero hacerlo gratis y gratuitamente...! No sé. ¿Qué mueve a alguien a perseguir a otro que ni siquiera camina en su dirección y que la mayoría del tiempo no aparece ni en su mapa/GPS? ¿Qué mueve a alguien a derruir de un plumazo lo que otro construye ladrillo a ladrillo? ¿Le tapa el sol? ¡pero si la pared es bajita y está en las antípodas!

Hay quien dice que el humor es un arma poderosa. Calificar al humor de arma me parece un oxímoron del calado de ése del texto de Enric González sobre la industria cultural. Preferiría llamarlo herramienta. El humor es una herramienta poderosa. La mofa sí. La mofa es un arma poderosa. Y, como sucede con cualquier arma, la esgrime sólo quien siente miedo, un miedo profundo, posiblemente irracional y, desde luego, inmotivado.

Quizá, después de todo, el origen de todo ese tipo de actitudes esté, como en la película, en un sentimiento de superioridad extrema que lleva a despreciar profundamente a quien no participa de la propia forma de ver la vida, al que disiente de nuestros modos y no responde a nuestras expectativas; un desprecio tal que lleva, primero, a no tolerar el encuentro con el inferior y, en rápida escalada, a no soportar siquiera el hecho mismo de su existencia.

martes, 4 de agosto de 2009

QUIEN SÓLO NADA EN LA SUPERFICIE CRECE EN LA CONVICCIÓN DE QUE NO HAY VIDA EN EL MAR (R. Creek)


De todas las cosas que vamos aprendiendo, algunas se nos prenden de forma casi indeleble. Me he preguntado muchas veces el porqué de que suceda así y he ido encontrando diferentes respuestas, todas igualmente satisfactorias según sea el caso de ese aprendizaje adquirido para siempre. 

Uno de los motivos en los que más me gusta pensar es que hay cosas que, cuando las leemos, escuchamos... nos impactan como una revelación: son llaves que nos hacen explicarnos recuerdos que permanecían almacenados sin sentido, o con significados equivocados. Esos aprendizajes reveladores (esa experiencia que vivía casi a diario con Javier San Martín) son como pequeños eurekas que nos abren grandes puertas del pasado pero, y lo que es igualmente importante, transforman nuestra visión de todo lo que acontezca a partir de ese descubrimiento.

Uno de esos eurekas en mi vida lo materializó Marvin Harris y su explicación sobre el emic y el etic. Es posible que muchos otros autores (quizá incluso los propios maestros de Harris) tuvieran idéntica o mejor teorización sobre el tema, pero él fue quien me lo enseñó a mí. Por simplificar y también para exponerlo tal y como se guarda en mi memoria, el emic sería la verbalización "fantástica", mágica, y válida de una realidad etic que jamás admitiríamos o que nunca osaríamos afrontar, por dolorosa, "antiética", o conflictiva en nuestra cultura, incompatible con nuestro sistema de creencias o valores y, sin embargo, imprescindible para mantener ese sistema, esa cultura, o para preservar incluso la existencia misma. Es una exposición burda, lo sé, pero al menos entendible (o eso creo). 

Por ejemplo, un determinado grupo patriarcal puede explicar el infanticidio femenino sistemático apelando a la debilidad física de las niñas porque hacer explícito que se descuida a las recién nacidas mientras que se cuida celosamente de los recién nacidos varones sería durísimo de admitir; no sería aceptable ni para el individuo ni para el grupo afirmar que se propicia la muerte de las niñas porque suponen una pérdida de medios para el grupo: se la alimenta "para nada" porque luego, cuando precisamente alcanza una edad "productiva" en la que puede "retribuir lo consumido" hasta el momento, se la lleva otra familia (la del marido) y encima junto con una dote de bienes familiares. En cambio, el varón no sólo permanece en el grupo como miembro productivo, sino que traerá otro miembro productivo (o más de uno en sociedades poligámicas) junto con su dote correspondiente. Explicarlo así es inconcebible para cualquier miembro del grupo; no es que no lo admitan ¡es que ni siquiera se les pasa por la cabeza! Las madres realmente lo perciben así: las niñas son débiles y mueren, o son los dioses los que se las llevan, o cualquier otro tipo de explicación. Recuerdo ahora que en el grupo que aparecía en el libro Camella (Marc Durin-Valois) no había explicación emic para el infanticidio selectivo; no había conflicto moral y era un hecho aceptado (casi obligado) el que en una familia con escasos medios, las niñas debían ser asesinadas por el padre nada más nacer. En China también se hace sin ambages: el estado, en general, sólo permite el nacimiento de un hijo por familia (hay un cómputo que no conozco muy bien según el cual alguna familia puede tener dos hijos -creo que tenía que ver con el hecho de que ambos padres fueran hijos únicos-), y al gobierno no parece preocuparle el método que se utilice para conseguir que este precepto se cumpla.

Me estoy desviando mucho de lo que quería, que no era otra cosa que desmantelar un poquito el mito de las sociedades musulmanas como prototipo del machismo. Ha sido una sorpresa para mí. Siempre he estado convencida de que el tópico del moro referido al hombre musulmán como machista por excelencia no era sino un estereotipo que traducía la realidad de forma inexacta o superficial. Siempre que he escuchado este argumento como motivo para despreciar esa cultura, respondo lo mismo: no es religión, es evolución social, sólo hay que retrotraerse al cristianismo español de hace apenas 3-4 décadas (también ahora, pero todavía era más evidente entonces, al estar legitimado social, moral y legislativamente) para ver que esa viga no estaba tan lejos de la paja que ahora vemos en el ojo islámico. Ahora he encontrado un dato objetivo con el que ejemplificar lo relativista del machismo musulmán. Sí, ya sé que toda la introducción que he hecho acerca de los conceptos que me explicó Marvin Harris parece no tener relación, pero la tendrá, paciencia.

Acabo de ver El niño dormido (o adormecido), de Yasmine Kassari, una maravilla a la que pienso dedicarle otras letras algún día, y que quiero ver en VO. Aparte de haberme quedado fascinada por esta joyita del cine marroquí(/belga) descubierta por azar, resultó que, cuando estaba a la búsqueda del título, di con un hallazgo aún más sorprendente: la permisión de la práctica del aborto en las sociedades rurales magrebíes bajo el rito emic de adormecer al niño que va a nacer cuando el padre está ausente; supuestamente, cuando el padre vuelva de su migración temporal, otro rito lo volverá a despertar. 

Esta práctica permitida por esa religión "tan machista" del islam (está veladamente -émicamente- permitida desde el momento en que se admite que la gestación pueda durar más de 9 meses) no tiene otro fin que el de proteger a la mujer. Ojo que ahora no estoy diciendo que sea la socidad más feminista del planeta (en la película también aparece, como práctica permitida, la paliza que le propina la familia del marido a la esposa adúltera, y la propia práctica de "adormecer al niño" tiene también su utilidad machista), pero sí que insisto en que todo es siempre muy relativo, que las generalizaciones son simplistas, reduccionistas, y no nos permiten ver más que una parte (muy pequeñita) de la realidad, que siempre es compleja y múltiple y diversamente abordable.

Volviendo a esta práctica que ha sido mi sorpresa: En su origen era el marido que partía a la guerra quien adormecía al niño en el vientre de la madre para mantener a ésta lejos de prácticas adúlteras, por más que tardase el padre en volver. Pero, en el fondo, lo que se hacía era proteger a la mujer y al niño: un niño que naciese a los dos años de la partida (o muerte) del padre se consideraba legítimo, puesto que se trataba del niño adormecido que ahora reanudaba su gestación. De este modo se salva a la madre de la consideración social de adúltera (y del castigo correspondiente -lapidación incluida-) y al niño de la de hijo bastardo. Se encuentra, así, un modo legítimo de aceptar algo que, en el fondo, se admite (que una mujer pueda continuar con su vida), pero que sin esta explicación "mágica"/émica no sería posible, puesto que entraría en conflicto con el tabú religioso y social del adulterio. Entendámonos, no es la ignorancia la que lleva a tal solución, sino una forma muy especial de sabiduría: tal creencia es necesaria para que puedan congraciarse dos exigencias contradictorias, la de la prohibición del adulterio y la de la necesidad de proteger a una mujer que ha perdido, del modo que sea, a su marido, y al hijo de ésta.

Aquí aparece ampliamente explicado:

En fin, que la costumbre siempre encuentra un camino mágico para cumplir una ley estricta sin acatarla del todo o no haciéndolo en absoluto. Y a lo que iba era a eso: El islam puede tener leyes muy rígidas, pero también legisla sobre el modo aceptable de violarlas. Exactamente como todas las demás formas y variedades culturales.

lunes, 3 de agosto de 2009

NO MIRES PARA ABAJO (R. Creek) / UM PINCELADA (Cesaria Evora)


De todo, hasta de este tratamiento tópico y vanal del amor y del sexo tántrico, sosa e inconvincentemente actuado, se pueden guardar tesoritos. Yo te he reservado, para cuando aparezcas (porque ahora sé de nuevo que vendrás a mi vida -aunque siga sin saber cuándo, ni en qué forma, ni en qué esencia, y te siga confundiendo con esos anticipos en que te encarnas para que yo te saboree apenas-), unos poquititos (más ha sido imposible miraquesmala): una cama con repisa decorada y con ventana, como la de Elvira; la estantería entera de la abuela bruja (a saber por qué bruja); la empanadilla caminando deprimida; unas poquitas frases-imagos no del todo rescatables pero tampoco del todo desechables:

Si la tierra dejara de atraer a las aguas del mar, los mares se elevarían y fluirían hacia la luna.

A veces una caída puede dejarte en el paraíso.

Nos besamos sobre las nubes.

¿A tu lado se hubiera muerto igual?

El patio se llenó de frases de amor entrecortadas

No quiero morir sin antes sentir un amor así

Todas las debilidades del hombre se deben a formas defectuosas de amar.

He muerto en mí y vivo por ti. Si me amo, te amo, y si te amo, me amo.

En la vida estarás siempre diciendo adiós. Que eso no te impida amar.

Este poemita-paradoja de Rumi, poeta afgano, del s. XIII, fundador de los Derviches Girovagos:


Hay un mar que no está lejos de nosotros; es invisible, pero no está oculto. Está prohibido hablar de él, pero, al mismo tiempo, es un pecado y un indicio de ingratitud no hacerlo.

Y, sobre todo, estas dos joyitas musicales que un día bailaré contigo:
Um pincelada, Césaria en dos versiones, con Dorota Miśkiewicz y con Mari, de Chambao:

Quel flor qu'tita murchá
Quel criancá qu'tita tchorá
Quel nuvem qu'tita passá

É sodade ...
É tristeza ...

É lembranca di nha infância
É fantasia daquel mesa
Recheode de côsa sabe
Pa consolá nha fraqueza

É lembranca di nha infância
É fantasia daquel mesa
Recheode de côsa sabe
Pa consolá nha fraqueza

Cette fleur qui se fane
Cet enfant qui pleure
Ce nuage qui passe
C'est de la nostalgie
De la tristesse

C'est l'odeur de mon enfance
C'est le mensonge de cette table
Remplie de bonnes choses
Pour consoler ma faim

É lembranca di nha infância
É fantasia daquel mesa
Recheode de côsa sabe
Pa consolá nha fraqueza

Mundo ta mudá
Ma nha estoria ta f'cá
Mundo ta mudá
Ma nha estoria ta f'cá
Mundo ta mudá
Ma nha estoria ta f'cá

Le monde change
Mon histoire restera

É lembranca di nha infância
É fantasia daquel mesa
Recheode de côsa sabe
Pa consolá nha fraqueza

Le monde change
Mon histoire restera

Mundo ta mudá
Ma nha estoria ta f'cá
Mundo ta mudá
Ma nha estoria ta f'cá
Mundo ta mudá
Ma nha estoria ta f'cá
Mundo ta mudá
Ma nha estoria ta f'cá
Mundo ta mudá
Ma nha estoria ta f'cá
Mundo ta mudá
Ma nha estoria ta f'cá
Mundo ta mudá
Ma nha estoria ta f'cá




viernes, 31 de julio de 2009

LOS GRIFOS SE CIERRAN HACIA LA DERECHA (LA ESPERADORA DEL AGUA) (R. Creek)


No sabe por qué (quizá se deba a que el movimiento es circular, no lo tiene claro), pero, a pesar de que aparentemente no sufre problemas de lateralidad, nunca ha abierto/cerrado un grifo con otra técnica que la de ensayo-error: empuja la llave alternativamente en ambas direcciones y, cuando afloja y cede, descubre el sentido correcto, pero no lo memoriza; idéntico proceso (pero con distinto resultado) para cerrarla. No automatiza este movimiento y, puesto que siempre ha conseguido abrir/cortar el paso al agua o al gas o..., tampoco le ha dado importancia a esa anomalía tan suya. Hasta hoy.

Al terminar de ducharse esta mañana, en una suerte de inspiración metafórica, ha sido plenamente consciente de que los grifos se cierran hacia la derecha, como cualquier llave. Ha pensado que los giros a la derecha también llevan a sellar y cortar caminos. De ahí, su mente se ha paseado por ejemplos políticos variados, pero, más tarde, ha pensado que esta observación no sólo se puede traducir a la simbología política. También en lo vital, en lo cotidiano, hay actitudes y giros bloqueantes a la derecha en lo emocional, en lo afectivo: negar el acceso al pasado, borrar la memoria histórica/sentimental, es una rotación hacia la diestra, y tiene idénticas consecuencias en lo sensible que en lo político: tabica el umbral de lo venidero. Ignorar la memoria o, peor, trastocarla, reconstruirla al modo que ¿mejor? nos convenga, intentando escapar del dolor, no conduce sino a un mayor sufrimiento, porque el olvido no responde nunca a la voluntad. Los recuerdos más reales, sobre todo si van cargaditos de latidos, se empeñan, por sí solos, en brotar abriéndose paso como sea, y si el grifo sigue, pertinaz, inamovible en su tope derecho, esas evocaciones se abrirán paso a la fuerza, rompiendo, si es necesario, las cañerías, los canales rememoradores, inundando de sollozos todo el habitáculo ¡la casa entera!


Podría parecer un pensamiento inútil, uno más de sus devaneos mentales que a nada llevan. Y así es para quien tal reflexión no adquiera sentido. Pero para Edwige lo tiene. Lleva un tiempo más que irrazonable con todas las llaves cerradas: las de las puertas a otros mundos y otros cariños; también las del gas (las del óxido nitroso que provoca hilaridad, las del helio que aligera el lastre y permite el vuelo); y las del agua limpiadora-curativa. Ha creído, así, estar a salvo del infierno, convencida de que, para alcanzar el edén, habría de pasar un tiempo de duración indeterminada en ese purgatorio de reclusión/oclusión. Contrariamente a sus expectativas, el transcurso de los días no ha paliado ni un ápice su aflicción. Inexplicablemente para ella, el puño que estrangula su corazón no ha aflojado lo más mínimo. Estaba, en su ignorancia, dispuesta a penar el tiempo que hiciese falta. Pero el totémico cierre del grifo ha abierto sus ojos: paradójicamente, para dejar atrás el pasado hay que franquearle el paso. Al principio el agua es chocolate con olor a óxido; volver a cerrarlo en ese momento, huyendo de la herrumbre, es un error: no sólo no cambia las cosas sino que las estanca más aún, de modo que en cualquier posterior intento de apertura el aspecto del agua será aún más sombrío. ¡Hay que dejar que mane, que fluya, que hiera en sus primeros instantes de contacto con el aire y con la piel! Sólo así irá aclarándose, recuperando su transparencia y sus mejores propiedades.


Hoy Edwige ha tenido esa revelación y se ha quedado tan trastornada como ese infame diagnóstico del que le ha hablado su amiga. Traducir tal oráculo en hechos supone abrir una espita que a duras penas ella ha ido logrando lacrar... ¿y ahora va a desprotegerla y desnudarse? ¿Se va a quedar sin la fortaleza que tanto ha costado cerrar? Sí, va a hacerlo: la fortaleza no sólo no la protege, sino que la encierra con su dolor. ¡Ha llegado a declararle la guerra a la vida! Ha jurado incluso, en los momentos más lacerantes, matar (por no poder doblegarla) su inevitable propensión a la ternura.


El grifo se cierra a la derecha. Hoy ha sido fenomenológicamente consciente. Todo se enclaustra y emponzoña a la derecha. ¡El truco no está en la incomunicación! Las raíces van a crecer igualmente, pero podridas y hacia dentro, sin fruto, sin sol, sin calor. Sin más dilación, ha entrado en la ducha y ha abierto los grifos, pensando, incluso, en convertirlos en caños de fontana marroquí sin llave. No le importa ya que no salga nada, o verse cubierta de agua turbulenta y turbia; un solo lance la devolverá a la clarividencia inocente que es causa y efecto del olvido: ha iniciado una pequeña vuelta de tuerca... pero hacia la izquierda, que es el lugar del corazón.

lunes, 27 de julio de 2009

ESPERADORES. RAATRI (R. Creek) / En un beso me entregó un mapa (Joseba Molina)


En un beso me entregó un mapa.

No habrá traición
por más que la memoria
impida que regrese
de mí mismo.

Con medio labio
me describió el futuro
en otra alcoba.

Buscaré. No importa
que no haya encuentro:
no habrá traición.

Hubo más,
pero sin mapas...




Raatri espera
un misterio, un secreto,
un ignoto arcón de desván por abrir.
Un rayo de sol a través de la rendija del desván.
Una montura de cabalgar haces de luz.
Una espuela de algodón, de las que dejan envueltos en polvo los desánimos.
Un gorro de cowboy dulce de nubes de feria.
Un tiovivo estropeado en el que los caballitos nunca bajan.
Una bajada en cuesta para dejarse ir corriendo con pies de niño,
de los que ni saben ni quieren frenar.
Una carrera sin obstáculos hacia sus ojos.
Unos ojos espejo de brillantes (lágrimas).
Un brillo misterioso, secreto, ignoto, que olvidar en un desván.

viernes, 24 de julio de 2009

ESPERADORES. DHARA (R. Creek)



Dhara es una esperadora.

Espera morirse. Dormir el sueño eterno, que es el único olvido definitivo.

Lo espera sin dramatismos. Sin prisa y sin tregua. Mirando de vez en cuando la esfera del reloj. Soñando alguna vez que por fin ha dejado de soñar.

Es una espera soportable y convencida. Una espera que a veces se confunde con anhelo. La espera de Dhara es la paradójica espera de la tierra del desierto: agonizar bajo la energía vivificadora del sol, languidecer mientras crece y se expande, caminar hacia la nada cuando se agrieta para albergar pequeños brotes nacientes, secarse humedeciendo los labios de quien aún quiere vivir, desangrarse perforada por una transfusión.

Es la espera lenta de quien ha desesperado. La espera ávida de quien desea matar el deseo.

sábado, 11 de julio de 2009

COLORINES (R. Creek)





A Vasil le gusta que le llame Colorines. Tiene una sonrisa clara, de permanente soñador inasequible al desaliento, un abuelo que canta y se carcajea a las tantas de la madrugada al amor del whisky, y una hermana que llora por las mañanas -demasiado, dice él- si no la espera para ir a la escuela.

Vasil es Colorines. Tiene el corazón irisado y la mente tan despierta como un amanecer; y unos padres que trasnochan y madrugan, sin que a veces se sepa a ciencia cierta si lo que hacen es madrugar primero para, acto seguido, trasnochar.

 
Vasil es alegría de vivir, y mi contagio durante breves pedacitos del día. No le gusta tanto la letra escrita como su rol de cuentacuentos infatigable. Le gustan las historias divertidas, le gusta engañarme y, sobre todo, le gusta reír y le gusta que me ría. Se parece al pirata Carapatata más de lo que quiere reconocer. Y no porque sea igual de feo, como le suelo decir riendo para que él se rebele a carcajadas, sino porque, como el navegante, se niega a dejar de soñar incluso a sabiendas de que, al llegar la mañana -sus mañanas del pasado y sus mañanas del presente- el sol se lleve sus sueños entre nubes de colores, de colores como él.

Vasil es ternura y vida, pasión, alegría y ensoñación. Mi narrador favorito, un mago que troca su vida en comedia con el único truco de las palabras que tan pronto ha dominado. No sé si él sabe todo esto. Lo que sí sabe es que es Colorines. Y también sabe que sólo la luz que desprende, incluso con la fatiga de apenas haber dormido 3 horas, lo convierte en el ser más bello del planeta. Él intuye que, desde que llegó desde esa tierra que tan desoladora ve en sus recuerdos, el slogan del sol español ha cobrado, al fin, sentido.
22 enero 2007

viernes, 10 de julio de 2009

CAZAMARIPOSAS (R. Creek)


Acabo de fabricarme
un cazamariposas
para atraparme tus palabras
cuando las veo volar
pasando ante mis ventanas,
pasando de largo.

Me he fabricado también
un atrapalágrimas
para empapar con éstas sus alas
y hacer que,
por el peso y a su pesar,
se detengan frente a mí
y para mí suenen.

Me he sentado -a esperar-
en el alféizar de tus sueños de futuro,
provista de mis inventos.

En cuanto las he divisado,
a tus palabras,
he empezado a agitar mis manos.
Pero han atravesado la red,
tal era la determinación en su rumbo.
Mis lágrimas han resbalado sobre sus formas
sin calarlas apenas,
tal era el amor con que iban cubiertas.

Y de nuevo han llegado,
irrumpiendo en mi vida,
anegándome en llanto:
Han pasado de largo.
Palabras al vuelo.


Pasando de largo.

jueves, 9 de julio de 2009

ESPERADORES. MIENTRAS NO ME QUERÍAS (R. Creek)



En color, citas de JUNTOS NADA MÁS (Anna Gavalda) -Julio 2007-

Claro que distinguía los días unos de otros, puesto que ya no tenía otra cosa que hacer más que contarlos.

Tenía que levantarse despacio, esperar a que los objetos recuperaran la normalidad.

Paulette hablaba sola, increpaba a los muertos y rezaba a los vivos.

¡Eh! ¡Paulette! ¿Está usted muerta? ¿Está muerta?

Concéntrate en tu muñeca, ella te dictará el primer trazo, y sólo el primer trazo importa, es el que dará vida a tu dibujo.

El problema es que nadie puede vivir sin expresarse. Nadie... Es imposible...

Pero hay una cosa que te tengo que decir: las personas que dejan de hablar se vuelven locas. Chu Ta, por ejemplo, no te lo he dicho antes, pero se volvió loco, y también muy desgraciado. Muy, muy desgraciado y muy, muy loco. Sólo recuperó la paz cuando ya era un anciano. Tú no vas a esperar hasta ser una anciana, ¿verdad? Dime que no.

Los tallos y las hojas del bambú son lo más difícil de dibujar que hay. Una hoja, bonita, una simple hoja que se balancea al compás del viento exigía de esos maestros años de trabajo, a veces toda una vida... Juega con los contrastes. Sólo tienes un color a tu disposición, y, sin embargo, puedes sugerirlo todo...

[Te cuento, sin que lo sepas: Menos mal que iba a reírme con este libro; estoy continuamente al borde del llanto.]

Se acerca el invierno, asesino de los pobres...

¿De qué sirven las emociones, si no se pueden compartir?

La única chica del universo capaz de llevar una bufanda tejida por su abuela, y seguir estando guapa, nunca sería para él. Qué cosas tenía la vida...

[Y te susurro, mientras ignoras casi hasta mi existencia: Frank es como tú. Como tú al principio, y como tú a continuación. Este libro siempre me va a recordar a ti, a tu rubor inesperado, a tus intempestivas reacciones, a mi rechazo...]

Como si su vida sólo pudiera solucionarse con la condición de volver a hacerle sufrir...

- ¿Eres creyente?
- No. Bueno, sí... Cuando escucho este tipo de música, cuando entro en una iglesia muy bonita o cuando veo un cuadro que me conmueve, una Anunciación, por ejemplo, se me engrandece tanto el corazón que me da la sensación de creer en Dios, pero estoy equivocada: en quien creo es en Vivaldi... En Vivaldi, en Bach, en Haendel o en Fra Angelico... Ellos son los dioses... El otro, el Viejo, no es más que un pretexto... De hecho, es lo único bueno que le encuentro: el haber sabido inspirar a todos ellos todas esas obras maestras...
- Me gusta cuando me hablas... Me da la sensación de hacerme más inteligente...

[A mí me gusta cuando hablas de mí como si no estuviese, pero diciéndome todo lo que quieres que sepa.]

- Calla...
- Que sí, que es verdad...
- Has bebido demasiado.
- No. No lo bastante, justamente...
- Mira, escucha... Esta parte también es muy bonita... Es mucho más alegre... De hecho es lo que me gusta de las misas: los momentos alegres, como los Gloria y tal, vienen siempre a salvarte después de un momento triste... Como en la vida...

[Delia hoy me ha dicho la misma frase que mi madre, respecto a la muerte: si el tiempo no clamase el dolor, nos moriríamos.

Comprar el libro ya fue especial: El librero me contó lo que le inspiró el leerlo, y se enredó en los horóscopos: Sagitario con ascendente Escorpio, y caballo en el chino.]

Lo que impide que la gente conviva no es la diferencia, sino la estupidez...

De hecho, es la primera cosa que suelen hacer los dictadores: romper gafas, quemar libros o prohibir conciertos.

¿A lo mejor incluso has elegido ese curro por ese mismo motivo? Para no salir nunca de la tripa de tu madre y tener la certeza de que siempre estarás en un lugar calentito, con mucha comida alrededor...

[Ya quería volar antes de conocerte. Luego me has dado alas, me las has quitado, me las has ensanchado, me las has recortado, me las has incendiado, me las has robado para volar tú mismo...]

- ¡Qué va! ¡Qué va! ¡Peludo lo justo, nada más!
[¡eres tú! jajajaja]

- Así... Tú déjate hacer, pedacito de hielo...

[¡Joé! ¡Cuántos resortes! La moto: ¡en Gien! ¡Huelva! ¡NachoAsio!]

- ¿Crees que son como las minas de tus lápices? ¿Crees que se gastan cuando se utilizan?
- ¿El qué?
- Los sentimientos.

[Estoy agotada. Es cierto que soy un espejismo evanescente. Ni siquiera para mí misma tengo de dónde beber: carezco de presente, pasado o futuro que contar. No soy un misterio. Soy un vacío.

Olvídalolvídalolvídalolvídalolvídalo ¿Cómo se hace eso?]

sábado, 4 de julio de 2009

MARNIE, LA LADRONA DESPOJADA (R. Creek)

Hubo una vez un momento
-uno de esos largos, eternos,
interminables momentos-
en el que, sin tú saberlo,
hiciste de mi pupila tu mirada,
tu aliento cayó sobre mis labios
y tu lengua exploradora
describió por vez primera,
al descubrirla,
la geografía de mi boca.

Y en ese instante fugaz
-permanente, inolvidable,
inacabable instante-
en el que tú aún hablabas para ella,
mis manos le robaron tu cadera,
y mi cuerpo entero,
obedeciendo consignas que no eran para él,
serpenteó de tu boca a tu vientre,
para terminar enlazándote
-sarmiento ávido de tus palabras-,
los dedos de mis manos
jugando sobre tu nuca;
los de mis pies,
enterrados en la curva de tu espalda.

Fue todo tan fugaz,
tan perentorio,
tan por deseo mío,
que tú aún no sabes nada.
Y quizá de esta mirada
que llevas prendida en tus pestañas,
y de este pensamiento
que se balancea feliz bajo tu vientre,
quizá de mis latidos
-que se ajustan, ahora, a tus suspiros-
ni sabes ahora, que te grito,
ni sepas jamás.


26-junio-2006

COMO AGUA PARA CHOCOLATE (R. Creek)

Algún día de 2006, quizá fuese ma Algún día de 2006, quizá fuese marzo.



A Ana le gusta "Como agua para chocolate". Dice que es una paleta en que se mezclan sentimientos y sentidos para componer una historia de pasiones. Coincido con ella: Primero lo leí. Compro a menudo libros de los que nunca he oído hablar, con todo lo que eso conlleva de decepción y de sorpresa. Tenía muchas veces que cerrarlo para llorar, para llorar de risa, para llorar de pena, para llorar de rabia, para llorar por el placer de llorar porque me desbordaba sin saber por qué.

Tuve mucho miedo de ver la película. Aún recuerdo las ganas que tuve de incendiar la pantalla y al director cuando vi "La historia interminable". ¿Cómo podía haber alguien tan necio en el mundo? Pero también recordaba la maravillosa adaptación de "El nombre de la rosa", de modo que me lancé a verla. Lo primero que me chocó fue el acento: ¡pero si ni Tita ni Pedro tenían acento mejicano! Tampoco tenían esos rostros. Mi Pedro no tenía carita aniñada y mi Tita era mucho más indígena bellezón. Mi miedo a seguir viéndola aumentó de pronto, pero mi curiosidad por ver cómo habían retratado en imágenes la escena de la fogosidad de Gertrudis convertida en incendiario aroma de rosas, o la de la explosión de fuegos artificiales del establo, pudo más que mis temores. Y no me arrepiento. Una maravilla. No podía ser de otro modo, siendo el director el amado amante de la escritora.

 Ana: Contigo me iría al cine sin dudar.

viernes, 5 de junio de 2009

UNA PRIMERA VEZ (R. Creek)


Ha sido nuestra primera vez, y ha sido con Taratuto, Un novio para mi mujer. Llevábamos todo el finde dándole vueltas a lo único -el amor como necesidad básica- y aquí encontramos alguna (no todas, ni mucho menos) respuesta. La hilaridad nos atacó a traición y tuvimos que reír, claro, aunque no tanto como con la teoría que ese mismo día descubrió Marta acerca de los orígenes de la humanidad; no sólo la descubrió, sino que la desarrolló ante los atónitos ojos de un Cancho más que sabedor de los orígenes del hombre, y que no terminaba de creerse que, lejos de ser hijos de África, TODOS SOMOS GALLEGOS. ¡Todos! A este creador de expresiones como genio involuntaria le resultó no del todo creíble que sus amigos de toda la vida fuesen "también" gallegos, pero la seguridad con que ella le expresó que sí, que todos venían de allí, creo que lo dejó sin armas con las que rebatirla. Mientras, mi cara era estrictamente de póker, sabedora de qué es lo que había desencadenado toda esa teoría. Silbé, miré un poco al techo, como buscando Galicia en un globo terráqueo imaginario, y de este modo pude contener el primer impulso de mi cara, que fue el de desorbitar las cuencas y abrir la boca en forma de alarma.




Me ha gustado. No tanto como No sós vos..., pero me he reído. Hay escenas impagables, como el primer encuentro con Cuervo López (para mí se ha quedado así, Cuervo López, como el Lobo de Kiko, a quien tanto se parece); en realidad cada uno de los encuentros con Cuervo Flores son impagables: el de la azotea, el del WC, ¡¡el de la feria estando él disfrazado de mascota!!


Es agridulce, da que pensar, sobre todo respecto a lo que vengo observando hace tiempo (no sobre los orígenes gallegos de la humanidad, no) sobre que un hombre nunca corta una relación: se limita a propiciar todas las situaciones y premisas que sabe que llevarán a su pareja a darle fin. La película es un himno a esa teoría. Pero también responde a la pregunta de Patati: ¿se puede alguien volver a enamorar de una mujer/hombre del/la que se ha desenamorado? Pues, evidentemente, nuestra mirada hacia el otro puede cambiar sin que el otro cambie. En la película ella cambia, pero voy más allá y pienso que ni siquiera hace falta un cambio en el otro: la mirada de un tercero revelándonos que es tremendamente deseable esa persona que a nosotros nos había desapasionado por completo puede llevarnos a recuperar nuestra primera mirada. 



La Tana Ferro me gusta. Me gusta sobre todo cuando dice que ella creía que él la iba a amar siempre, que con él podía ser ella misma, pesimista, pejiguera, quejica... podía mostrar períodos de infelicidad sin que ello supusiese una merma en los sentimientos de quien es tuamortucómpliceytodo.




Yo también soy una ilusa convencida. Como te dije una vez:
Creo que no me resigno a la efemeridad de los afectos mediada o mediatizada por lo efímero de la physis. Mi apariencia no va a cambiar, si acaso a peor. Dentro aún puedo crecer, expandirme, empaparme, embellecerme, embeberme de la belleza misma. ¿No me vas a querer en mis de-cadencias? Me cuesta creerlo porque no quiero que así sea. Quiero aprender a volar cometas para remontar contigo mis estados de ánimo; a manejar halcones para pilotarlos contigo;… pero no me quiero ingravitar las tetas ni puedo ingravitarme el alma. Yo también, como todos, siento a veces una carga pesada que me hace llover de la nube en la que flotaba. Soy humana. Soy mortal. Y necesito que me ames con toda esa consciencia.

ME ENCANTAN. ¡ME EMOCIONAN!

Op zoek naar Maria - Dans in het Centraal Station van Antwerpen


miércoles, 3 de junio de 2009

ABUELA ESCARCHA (I) (R. Creek)


Mi abuela era como la escarcha: tan dura como frágil. Como la escarcha, se derretía fácilmente bajo un abrazo. Como la escarcha, transmitía más calor que recibía (y recibió centrales térmicas y solares como para derretir Plutón), pero -escarcha, como digo- sólo si permanecías el tiempo suficiente en su contacto. A mi abuela le brillaban los ojos en sonrisa como brilla la escarcha bajo el sol. Y, como todas las capas heladas, ocultaba secretos de los que nunca nos habló, dolores desgarrados que nunca compartió, lágrimas congeladas que jamás lloró ante nosotros, sucesos que la aterieron de un frío gélido que le congeló el recuerdo, o quizá el olvido.


Abuela Escarcha contaba a menudo cómo tuvo que “resignarse” a dejar el colegio por prescripción facultativa. Lo contaba tal cual: Estuvo un tiempo enferma y el médico le dijo al abuelo (no la crió su padre, pero eso no lo supe hasta mucho tiempo después) que lo que la enfermaba era la escuela, así que le prohibió volver, y mi pobre abuela tuvo que "ponerse a trabajar". ¿Y de qué trabajabas, abuela?-preguntaba yo sin salir de mi asombro, pues no sabía si alegrarme por ella o compadecerla. De niña siempre me alucinaba esta historia y mis cavilaciones, aunque infinitas, no eran nunca suficientes como para llegar a averiguar en qué modo la escuela podía ser causa de una convalecencia que se curaba trabajando; pero lo que más me asombraba era que un médico llegase a recetar no volver allí en la vida. No paraba de darle vueltas, y a ella la acribillaba a preguntas, pero se encogía de hombros y afirmaba no saber ella tampoco por qué, revistiendo el suceso, como siempre hacía, de un halo de misterio, eso sí, remarcando siempre que tuvo que trabajar de pastora. ¡Qué cosas pasaban antes! ¡Un médico recetando trabajo a una niña y prohibiéndole ir a la escuela! Era algo que se me quedaba siempre tan grande que, año tras año, le pedía que me contase la historia, por si la primera vez no la había entendido bien. Nunca dudé de su palabra ni de su sacrificio, no en vano mi abuela era una lectora incansable, incluso cuando tuvo tele no paró nunca de leer (y de pegarse las patillas de las gafas con esparadrapo por no desprenderse de ellas en espera de la reparación). Pensaba que me quedaría sin la solución del enigma de la prohibición, incluso llegué a asumir que no había explicación alguna, y que, como sucede tantas y tantas veces, las cosas del pasado difícilmente encuentran motivos reales en el presente, sólo elucubraciones que tranquilizan momentáneamente nuestra mente inquisitiva.


Abuela Escarcha nos quería, pero, de niños, nosotros no siempre lo sabíamos. Sólo sabíamos que era quien nos obligaba a dormir la siesta ¡a nosotros, que jamás nos acostábamos ni de noche si no nos llevaban de una oreja! Ignorábamos que sólo quería librar a su nuera, mi madre, del yugo permanente de cuatro niños esclavizantes para que pudiese disfrutar de dos horas de toros. Pero habían de pasar años antes de que nuestras pupilas adaptaran la imagen de nuestra carcelera para la insospechada visión de libertadora de nuestra madre. Nosotros, acostados en esas camas inmensas de colchones de lana que nos engullían literalmente, nos lo pasábamos de miedo imaginando cómo se le caía una piel de plátano mientras llevaba los cacharros a la cocinita "chica" y se caía de culo en el escalón. Cuanto más temíamos que viniese a reñirnos, mayor era el nivel de risa, primero contenida e, inmediatamente, en explosión de carcajadas llorosas. Por supuesto, con una voz que nos arrancaba la risa de cuajo, llegaba lo que temíamos: su "como vaya...". Nosotros la creíamos capaz de cualquier cosa, ése era su poder. Y nunca nos había puesto (ni nos puso jamás) la mano encima. Pero, teatrera como era, habíamos visto cómo llevaba de la bodega al comedor un embudo tremendo de aceite, mayor que nuestras cuatro cabezas juntas, para obligar a mi hermano a comer, bajo la amenaza de que, si no lo hacía por sus medios, lo engulliría a través del embudo. Hasta años después se nos escapó siempre esa risita de sus ojos que hacía que nadie interviniese. Hasta años después, como digo, la creíamos capaz de cualquier cosa, para obligarnos, pero también para salvarnos: no había ente en el callejón o en el pueblo que se atreviese a tocarnos un pelo. ¡Ni siquiera nuestros propios parientes! Ella salía por el corral y primero disparaba (verbalmente) y... ¿luego? ¡nunca! preguntaba. Sabía que la razón era nuestra. Y si no lo era, para cuando lo fuese.

domingo, 31 de mayo de 2009

VUELTA A LA CUEVA (R. Creek)




Había pasado tanto tiempo de luto, tanto tiempo humedeciendo mi coraza en lágrimas, que ésta devino en papel, sin apenas yo enterarme. Recuperé, tras ese duelo prolongado, la virginidad angélica, ese estado de idiocia en el uno cree que nadie que te quiera te hará llorar, nadie pisoteará a sabiendas sentimientos ajenos,… la inocencia, en fin. En tal estado de gracia virginal, de corazón desacorazado, lo suyo es que hubiese aparecido de pronto una suave mariposa acariciadora de cicatrices. Y así fue: el destino me regaló un aleteo dulce y ateniense en brazos del héroe de débil talón. Pero apareció, a la par, el tiburón. Un escualo que yo quise disfrazar de delfín, y que empezó a lanzar cantos de sireno mientras yo atravesaba Ítaca. Echémonos de menos –le dije, confundida, para alejarlo, mientras mi tripulación me amarraba al mar Jónico con una soga de palabras: Esuntiburónesuntiburónesuntiburón…-. Su canto pudo más, y me deshice de la tripulación.

A mi regreso, pude escuchar, ya sin rumor marino que me incitase a la confusión, la letra de su canto: Soyuntiburónsoyuntiburónsoyuntiburón… Me amarré, yo misma, a la cuenta atrás de las hojas de un calendario de Esther y su mundo. Esta vez no llegué ni a dos: me desaté y traduje la letra ayudada del diccionario ilusión-amenaza amenaza-ilusión, y quedó como sigue: Los tiburones también saben a-mar. Y me lancé a sus fauces. Él seguía cantando: soyuntiburónteharejirones; y, a mi alrededor, mil corazones que sufrían anticipadamente por mí, le hacían eco: te hará pedazos y volverás a esa cueva de luto del corazón coraza. El canto era tan agudo, tan presente, que llegué a no poder disfrazarlo con ningún diccionario traductor; no me quedó más remedio que extraerme los tímpanos para seguir amándole, acariciando su aleta de delfín. Era tal mi pasión, era tal mi almacén de caricias, eran tales mis ganas de amar, que cuando me clavaba sus mil hileras de dientes de cartílago yo no podía ver sino su miedo, mientras esos corazones -que lloraban anticipadamente por mí- me hacían torniquetes de urgencia y vendaban mis desgarros con carteles de aviso: esuntiburónesuntiburónesuntiburón y te devolverá a la oscura profunda cueva del dolor. 


Me dio él tantas señales, me vendaron los demás tantas y tantas veces que… ¿desistí? ¡En absoluto! Mi recién estrenado estado de inocencia absoluta me obligó a arrancarme los ojos, a anular otro sentido más. Ahora sólo acariciaba, acariciaba una aleta de delfín que de pronto se convertía en mandíbula que me devoraba el corazón. Tenía tantas ganas de latir que, no obstante, hecho carne picada ya, seguía acariciándole en son de palpitaciones: Tran-qui-lo-tran-qui-lo, no-tie-nes-por-qué-ser-ti-bu-rón-yo-te-quie-ro-no-te-de-fien-das-tran-qui-lo-tran-qui i i lo, traa nnn… Ni modo. Desgarró mis pechos, de los que se había amamantado golosamente; se hizo paso entre mis costillas, ésas que habían dejado de protegerme para protegerlo a él, y lanzó un último bocado, engulléndome hasta el alma.

Un día, mientras permanecía aún en la UCI, me lanzó aún otra dentellada. Cogí el teléfono para asegurarle que no era ya necesario: no quedaba ya nada que destrozar o de lo que alimentarse. Él respondió con una mordida que yo conocía de sobra porque se había encargado de tatuármela por todo el cuerpo desde el día en que me desamarré del calendario: me clavó los dientes superiores mientras me cantaba las alabanzas de una nueva sirenita.

Sigo aquí, informe, convaleciente, pendiente de mil operaciones que me sacarán, quizá, de esta oscura, familiar y profunda gruta del desengaño que tan bien conozco. Estoy recuperando la visión, aunque sigo pidiendo ocelos de cristal porque quiero seguir ciega, a pesar de todo; creía seguir sorda, porque no escucho a mi alrededor el telodijetelodijetelodijeamor de esos corazones que sufren por mí de forma póstuma, pero sé que oigo de nuevo; lo sé porque lo que sí que escucho (y no tengo ya que amarrarme ni traducir) es la canción soyuntiburónsoyuntiburónsoyuntiburón y tengo ya nueva presa a la vista con la que seguir haciéndote jirones.