Un libro del siglo XVI rezaba: "los magos dicen que si una persona se frota a sí misma con un diente de león será bienvenido en todas partes y obtendrá lo que desee".
Se habían encontrado en la barra de un
bar, cada uno frente a una jarra de cerveza, y habían empezado a
conversar al principio, como es lo normal, sobre el tiempo y la
crisis; luego, de temas varios, y no siempre racionalmente
encadenados. Al parecer, el flaco era escritor, el otro, un señor
cualquiera. No bien supo que el flaco era literato, el señor
cualquiera, empezó a elogiar la condición de artista, eso que
llamaba el sencillo privilegio de poder escribir.
-No crea que es algo tan estupendo
-dijo el Flaco-, también hay momentos de profundo desamparo en lo
que se llega a la conclusión de que todo lo que se ha escrito es una
basura; probablemente no lo sea, pero uno así lo cree. Sin ir más
lejos, no hace mucho, junté todos mis inéditos, o sea un trabajo de
varios años, llamé a mi mejor amigo y le dije: Mira, esto no sirve,
pero comprenderás que para mí es demasiado doloroso destruirlo, así
que hazme un favor; quémalos; júrame que lo vas a quemar, y me lo
juró.
El señor cualquiera quedó muy
impresionado ante aquel gesto autocrítico, pero no se atrevió a
hacer ningún comentario. Tras un buen rato de silencio, se rascó la
nuca y empinó la jarra de cerveza.
-Oiga, don -dijo sin pestañear-, hace
rato que hemos hablado y ni siquiera nos hemos presentado, mi nombre
es Ernesto Chávez, viajante de comercio -y le tendió la mano.
-Mucho gusto -dijo el otro,
oprimiéndola con sus dedos huesudos-, Franz Kafka, para servirle.
La gente se va de tu vida. Gente a la que has querido tanto que te resulta difícil dejar de hacerlo, incluso cuando ellos hayan dejado de amarte hace tiempo.
Casi siempre se van a ocupar vidas de otra gente. A veces de gente que no sabe querer, o que ignora que querer es otra cosa. Otras no.
Te acostumbras a respirar sin ellos. A tener una existencia paralela. A ir desdibujándolos minuciosamente hasta casi borrarlos, hasta casi desaparecerlos. Tanto y tan a conciencia que un día llegas a preguntarte si no formaron parte de una película que viste en un cine una noche, o un guión que inventaste cualquier tarde de estío o de hastío.
El otro día a unos amigos míos les
dio por irse a dar una vueltecita a la India para oxigenarse. Son muy
de salir a dar un paseíto, que se les vaya el santo al cielo y, a lo
tonto a lo tonto, aparecer en Jaipur, por ejemplo.
Cuando dan estos paseos largos, yo
siempre les digo, cual hija consentida: “¡Traedme algo!”, y para
prevenir que, abducidos por la publicidad, vuelvan con un huevo
Kinder, les digo exactamente lo que quiero, que suele ser más hacia
lo Fabergé.
Como son encantadores, no se niegan
jamás, y así sigo siendo una malcriadita pidiendo más que un
cura. Con esta sencilla estrategia me he hecho con un óleo mural de
Repin (por el que casi terminan en la estepa siberiana), una birra
musical en Piazza San Marco (por la que casi terminan en el Monte di
Pietà para costearse il ritorno), una bella lady boy balinesa (por
la que casi terminan desdentados), un breakfast en Tiffany's (por el
que casi terminan quitándole el trabajo a Holly) y alguna otra
bagatela más (no siempre legal) que ellos se encargarán de
recordarme.
Siempre digo que el último es el mejor
regalo del mundo hasta que llegan con el siguiente, pero ahora sí
que sí creo que han llegado al non plus ultra: me han traído el
secreto de la eterna felicidad y la eterna juventud, conseguido de
manos de los más humildes sabios de una cultura milenaria. Como soy,
por contagio, un alma generosa, quiero compartirlo con todo aquél
que quiera, a su vez, atesorarlo:
A m'asseoir sur un banc cinq minutes avec toi
Et regarder les gens tant qu'y en a
Te parler du bon temps qu'est mort ou qui r'viendra
En serrant dans ma main tes p'tits doigts
Pis donner à bouffer à des pigeons idiots
Leur filer des coups d'pied pour de faux
Et entendre ton rire qui lézarde les murs
Qui sait surtout guérir mes blessures
Te raconter un peu comment j'étais mino Les bonbecs fabuleux
qu'on piquait chez l'marchand
Car-en-sac et Mintho, caramels à un franc
Et les Mistral gagnants
A r'marcher sous la pluie cinq minutes avec toi
Et regarder la vie tant qu'y en a
Te raconter la terre en te bouffant des yeux
Te parler de ta mère un p'tit peu
Et sauter dans les flaques pour la faire râler
Bousiller nos godasses et s'marrer
Et entendre ton rire comme on entend la mer
S'arrêter, r'partir en arrière
Te raconter surtout les carambars d'antan et les coco-boers
Et les vrais roudoudous qui nous coupaient les lèvres
et nous niquaient les dents
Et les Mistral gagnants
A m'asseoir sur un banc cinq minutes avec toi
Regarder le soleil qui s'en va
Te parler du bon temps qu'est mort et je m'en fous
Te dire que les méchants c'est pas nous
Que si moi je suis barge ce n'est que de tes yeux
Car ils ont l'avantage d'être deux
Et entendre ton rire s'envoler aussi haut
Que s'envolent les cris des oiseaux
Te raconter enfin qu'il faut aimer la vie et l'aimer même si
Le temps est assassin et emporte avec lui
Les rires des enfants et les mistral gagnants,
Et les mistrals gagnants
Sentarme en un banco cinco minutos contigo
Y mirar la gente mientras haya
Hablarte del buen tiempo que ha muerto o volverá.
Estrechando en mis manos tus dedos pequeños
Después alimentar a las tontas palomas, espantarlas con patadas al aire
Y escuchar tu risa que agrieta las paredes,
Que sabe, sobre todo, curar mis heridas.
Contarte un poco cómo era de niño,
Las chuches fabulosas que le sisábamos al tendero:
balines de regaliz, Mentos, toffes a un franco,
y los pica-pica con premio.
Volver a andar bajo la lluvia cinco minutos contigo
Y mirar la vida mientras haya
Contarte la Tierra comiéndote los ojos
Hablarte de tu madre un poquito
Y saltar en los charcos para hacerla refunfuñar,
destrozar los zapatos y reírnos
Y escuchar tu risa como se escucha el mar
Pararnos, andar marcha atrás,
Hablarte, sobre todo, de los Palotes de antaño y los Coco-Boers (Tang)
Y los auténticos rududús (adoquines) que nos cortaban los labios
Y nos rompían los dientes,
y los pica-pica con premio.
Sentarme en un banco cinco minutos contigo
Y mirar el sol que se va
Hablarte del buen tiempo que ha muerto y no me importaa
Decirte que los malos no somos nosotros,
Que si yo estoy chiflado no es más que por tus ojos
Porque tienen la ventaja de ser dos
Y escuchar tu risa echar a volar tan alto como vuelan los gritos de los pájaros
Contarte, en fin, que hay que amar la vida
Y amarla incluso si el tiempo es asesino
Y se lleva con él las risas de los niños,
y los pica-pica con premio
Mystère De nous passager sur la Terre On est venu pour quoi faire, faire A quoi ça sert Parler ou se taire Travailler, chercher des airs
Vous dire Ce qu'on a déjà dû vous dire La vie c'est du plaisir Ou ou ou Ou des soupirs Pourquoi on est là Mais moi je sais quoi
Je suis venu pour elle Pour qu'on s'endorme ensemble, Qu'elle vole avec mes ailes. Mm, je suis là pour l'amour Il semble
Que dire? De naître et après de mourir, De ne jamais rien pouvoir voir, Jamais savoir, Défaites ou victoires?
Et par-dessus le toit, Le ciel, elle, C'est la seule raison pour moi, elle, D'aimer danser dans ce bal Sous les étoiles Musique et mystère Mais pour moi, tout est clair
Je suis venu pour elle Pour qu'on s'éveille ensemble, Qu'elle vole avec mes ailes. Mm... Je suis là pour l'amour Il semble Je suis venu pour elle Je suis venu pour elle Mm...
Misterio
de nuestro paso por la Tierra ¿Qué hemos venido a hacer? Hacer: ¿para qué sirve eso? Hablar o callar. Trabajar, darse un respiro.
Decirte
lo que seguramente
ya te han dicho: La vida es placer o o o O suspiros ¿Por qué estamos aquí? Pero lo que sí sé
Es que vine por ella. Para dormir juntos, para que vuele con mis alas. Estoy aquí por amor. Parece ser.
¿Qué decir?
De nacer y después morir,
de no poder ver nunca nada, Nunca saber, ¿Derrotas o victorias?
Y por encima del techo El cielo, ella,
la única razón para mí, ella, de que me guste bailar este baile Bajo las estrellas Música y misterio Pero para mí todo está claro
vine por ella. Para despertar juntos, para que vuele con mis alas. Estoy aquí por amor. Vine por ella.
Nos adentramos en el desierto y vimos a los primeros beduinos. Las guías de viaje los habían cubierto de un manto de misterio. El aspecto tan distinto nos llevó a fotografiarlos. Bastó con eso para que nos apedrearan, con la misma hostilidad que había visto siempre en las abuelas de La Alberca sentadas a la fresca cuando las hordas de turistas las convertían en centro de los objetivos de sus cámaras. En ese momento me hirió profundamente, porque yo sólo fotografío lo que amo, aunque sea en su estado de idealización, y no comprendía cómo mi gesto podía recibir esa respuesta. Pero me pareció interesante constatar lo que advertían en las guías: no les gustaba que les fotografiasen. Ni siquiera a 500 m. Bastó esa identificación entre una cultura que me era tan cercana y otra tan remota para comprender que lo que en las guías aparece como celo de la intimidad y conservación mitológica de la identidad respondía a una realidad más prosaica y, sin embargo, mucho más interesante: el deseo de conservar la dignidad, el deseo de no convertirse en un ejemplar de catálogo o en burdo souvenir, en zoo humano en definitiva.
Pudorosa, fotografíaba como acto delictivo. Muchos viajes después, aunque sigo fotografiando furtivamente de vez en cuando, he comprendido que sólo la cercanía cómplice te da derecho a compartir una experiencia como retratar y ser retratado sin invasión.
También sigue habiendo coss de las que no me atrevo a escribir. Quizá otro día. O en otra vida.
Una historia, cualquiera, se desvanece,
pero la vida que ha sido rozada por esa historia queda por toda la
eternidad. El recuerdo se borra, pero queda otra cosa en su lugar. La
tierra toma formas eternas, mientras que el agua se adapta a la
fugacidad de todas las cosas, transcurriendo sobre ellas. No se
pierde en los repliegues de la multiplicidad sino que toma de ellos
una cualidad de infinito que la vuelve perfecta e inmodificable. En
cuanto al aire, es un destino de las cosas y las vidas; cuando sólo
el recuerdo se aferra a los giros de una hoja desprendida, el vacío
que ha cavado en el aire intermedio entre los cielos delicadamente
superpuestos y la tierra opaca resplandece de pronto, en una
eternidad que imita la del silencio y oyen los que tienen el oído
muy aguzado. Pero las vidas pasan, y con ellas todo lo demás:
civilizaciones, imperios, y hasta la visión y la belleza de los
paisajes en su ciclo acuarelado de estaciones. No lo creemos, pero es
así. Nunca podemos creerlo, porque nos distrae la irisada
contemplación de nuestras propias vidas que se reflejan en otros, en
otros innumerables, a veces amados. La ciencia de la Historia ha
creado un gran malentendido en ese aspecto. Sucede que, por
definición, la Historia no admitirá que es irreal. Y sin embargo
deberíamos buscar en la irrealidad su definición.
¿Qué ocurre
cuando una vida se desvanece? Quizás otro color desciende sobre el
mundo, y se agrega a la gran suma imperfecta y fluctuante. Pero no
podemos estar seguros. Nunca hemos presenciado ese acontecimiento, y
sólo podemos imaginarlo, para lo cual es preciso imaginar
previamente grandes modificaciones en el mundo; y nuestros sabios nos
han explicado minuciosamente que todo en sus suposiciones
prehistóricas es un sueño. Aceptamos, entonces, la transparencia
inherente a lo humano, y vivimos con ella; se puede vivir con menos,
como podrían demostrarlo con facilidad esta o aquella fábula, todos
los apólogos contradictorios que se repiten con la sensualidad
ausente de una música al azar del tiempo. No existe continuidad
entre el hombre y la naturaleza, sólo resonancias, siempre truncas y
elegantemente asimétricas como un cortejo de caballitos enjaezados
por un paso de montaña.
y dedicado a una lejana y largamente soñada quimera:
atrapar la luna)
"Con
la cámara de María... tiene un 24x, que si lo pones en modo jpg y
reduces la resolucion pasa a ser un 36 o más... si no tienes zoom al
menos x10 y que la calidad sea buena, olvídate.... tienes que enfocar la
luna con iso 100, máximo iso 400"
Abre la puerta, no digas nada,
deja que entre el sol.
Deja de lado los contratiempos,
tanta fatalidad,
porque creo en ti cada mañana
aunque a veces tú no creas nada.
Abre tus alas al pensamiento
y déjate llevar;
vive y disfruta cada momento
con toda intensidad,
porque creo en ti cada mañana
aunque a veces tú no creas nada.
Sentir que aún queda tiempo
para intentarlo, para cambiar tu destino.
Y tú, que vives tan ajeno,
nunca ves más allá
de un duro y largo invierno.
Abre tus ojos a otras miradas
anchas como la mar.
Rompe silencios y barricadas,
cambia la realidad,
porque creo en ti cada mañana
aunque a veces tú no creas nada.
Sentir que aún queda tiempo
para intentarlo, para cambiar tu destino
Abre la puerta, no digas nada.
A menudo me he sonreído para mis
adentros cuando he escuchado que tener una mascota garantiza el que
seas un amante de la humanidad. Y me he sonreído porque quienes abandonan a sus mascotas, maltratan a sus mascotas, descuidan
a sus mascotas,... son precisamente personas que tienen mascotas. De
los otros no podemos inferir cuál sería su comportamiento hacia los
animales. Mucho menos sentido tiene identificar a un amante de SU
mascota con alguien altruista y amable con el planeta y el universo. Podría citar algunos casos, pero no quiero meterme en jardines.
Esto viene al hilo del shock tan fuerte
que me produce quien defiende a un ser vivo de la violencia ejercida
por otro, y para esa defensa utiliza, precisamente, la violencia. Es
como ser defensor, a la vez, de la vida y de la pena de muerte. No le
veo la lógica. Quizá mi capacidad de comprensión es muy básica y
espero que quien sufre con la violencia lo haga en términos
absolutos, y no justificándola en determinados casos (incluidos, curiosamente, los casos en los que la ejerce el propio antiviolencia).
Pero me desvío del tema porque, más
allá de toda esa lógica que me resulta tan ilógica, lo que de
verdad quiero expresar es lo terriblemente equivocado que es intentar
un cambio de actitud en otro ejerciendo la agresión, la imposición,
el acoso, la intimidación... En el caso del Toro de la Vega, el
grado de violencia verbal, el boicot que se hace a todo el pueblo,
incluidas manifestaciones culturales que nada tienen que ver con la
cruenta práctica, el tomar el todo por las partes, la identificación de todos los individuos del
pueblo como si de una sola entidad se tratara, el juicio sobre sus
valores en general, más allá de lo que se circunscribe a esa odiosa
práctica,... en fin, el trato unificado y unificador, generalizado y generalizador, que se da a
tantos seres distintos de sensibilidades tan diferentes, consigue el efecto contrario al cambio impuesto desde fuera.
Los fenómenos identitarios se dan en grupos sociales de distinta índole: hinchadas futboleras, tribus del tipo que sea, gremios, familias, naciones, compañeros de mus o de religión... y sus
mecanismos son bastante complejos en general. Lo que sí parece más
que probado es que no hay nada que cohesione más a un grupo, que le
dé más identidad (incluso convirtiendo en grupo a un colectivo que no funcionaba como tal), que la amenaza externa contra todos ellos.
La
suegra puede pelearse con el yerno, los cuñados pueden mantener
posturas ideológicas totalmente discrepantes, el grupo familiar
puede tener tantos conflictos internos que difícilmente ningún
observador podría considerar que exista algo que los una. Ahora
bien, si aparece un grupo externo que los trata como unidad, los
califica a todos ellos en los mismos términos, estará
ayudándoles/obligándoles a etiquetarse bajo una característica
común. Si encima a lo que viene ese grupo extranjero es a ofender
a todos por lo que hace uno, a agredir, a robar, humillar, imponer, tiranizar...
¡lo que sea!, el grupo autóctono se verá como lo ven los otros: como
una sola entidad, y como una sola entidad responderá. Se
radicalizará en sus posiciones y, si antes de la llegada del grupo
agresor había grietas y discrepancias entre ellos, se disolverán
para proteger, más que una costumbre atávica y sangrienta, la
propia existencia, la propia identidad. Lo hemos visto repetido
miles de veces con los procesos nacionalistas: cuanto mayor es la
agresión externa ("¡Habría que hacer entrar a los tanques en Cataluña!" "Cualquiera con aspecto de musulmán, sea cual sea su religión, deberá pasar diez controles más en el aeropuerto",...), mayor
es el número de adeptos dispuestos a besar y defender una bandera o
una ideología o una costumbre que, antes de la amenaza, a lo mejor
hasta se permitían cuestionar.
Recriminamos a un familiar por tirar
basura a la calle, pero si viene un tipo del portal de enfrente y nos
llama a los dos, a mi familiar y a mí, cerdos y nos pone a caer de
un burro, posiblemente terminaré defendiendo una actitud que hace
unos segundos me parecía nefasta, y haciendo frente común con mi
familiar. Y no porque sea mi familiar, sino porque el tipo de
enfrente nos ha convertido, él solito, en grupo, y en términos negativos.
No es acertado, no, ni de justicia, cercar a todo un
pueblo, de niños, adultas, panaderos, abuelas, escritores,
ganaderas, aficionadas al Atletic, fútbolfóbicos, melómanas,
titiriteros, analfabetas musicales, taurinas, antitaurinos, rubios,
delgaditas, gigantes, desastradas, fashion victim, tíos, bibliófilas, sobrinos,
hipsters, melancólicos, románticos, guerrilleras, comilonas,
deportistas, estudiantes, manifestantes, cocineros... No es acertado
asediarles a todos ellos vistiéndoles de monstruo único. Porque ese
monstruo único y gigantesco al principio sólo está en el
imaginario del que le odia y quiere aniquilarlo, pero, a fuerza de oír
constantemente su nombre y sus imaginadas cualidades, el millar de
individuos distintos e individuales que actuaban como tales, puede terminar autocumpliendo la
profecía y satisfaciendo las expectativas del que espera lo peor de ellos.
Posiblemente el toro de la Vega jamás
ha tenido tantos defensores como ahora que se agrede no sólo a quien
defiende la práctica sino hasta quien respira alrededor. Y
posiblemente esa acérrima defensa se vendrá abajo en cuanto un
extraño deje de intentar obligarles a hacer lo que él quiere sólo porque él lo quiere (y viene con otros mil que quieren lo mismo que él).
Incluso aun cuando mi filosofía coincida con la del que tengo
enfrente, si pretende tiranizarme terminaré adoptando posturas
contrarias y hasta cambiaré mi naturaleza misma. Y todo por proteger mi identidad. Una identidad por la que no me sentía representado antes de la amenaza. Pero también la mía, la aunténtica, engullida por la que me atribuyen, y que también veo peligrar incluso físicamente.
Hay formas mejores y, sobre todo,
más eficaces de acabar con una costumbre lapidaria que usando la lapidación. Y
si no, que se lo pregunten a las cabras de Manganeses.
Hemos preguntado por todas partes y nadie sabe dar cuenta de tu paradero.
En los cuarteles se ríen de mí cuando pregunto. Ellos dicen que te habrás ido con otra, pero yo sé que te han metido preso de nuevo porque vino un amigo tuyo que sabe y me lo dijo. Me pregunto adónde andarás. Los sufrimientos que estarás pasando ya me los imagino. Puede ser que esta carta te llegue y puede ser que no, pero lo mismo la voy a llevar a ver qué pasa.
Dice el Yuyo que te manda un chicle globero, porque vos sabés hacer buenos globos, globos grandes, que vuelan, y así te metés adentro del globo y te escapás. Dice que cuando vuelvas le traigas un paraguas y un helado. Hoy se levantó muy temprano para pedirle que vuelvas al lucero del alba.
El Yuyo es una maquinita de hacer preguntas. Me tiene loca con las preguntas. ¿Cuándo empezará todo de nuevo? ¿Cuándo empezará todo otra vez, del año 1 en adelante? ¿Cuántos segundos demora en pasar un siglo?
A veces me dice que está deseando nacer y está deseando crecer, pero a veces me dice que quiere volver a meterse en mi barriga.
Camina mucho solo, anda por ahí, sin darse con nadie. A cuanto tipo de uniforme ve por la calle, aunque sea un portero de hotel, le pregunta: ¿Cuándo me vas a devolver a mi papá? Dice que los va a fulminar a todos con el rayo ultra-seven y les patea los tobillos y sale corriendo.
Yo también te extraño mucho. Olvidate de todas las cosas feas que te tengo dichas y las veces que yo no te entendía. Solamente quiero quevuelvas. Quiero que estemos juntos por un rato aunque sea y quiero decirteque sos lo mejor que me ha pasado en la vida.
Nunca te gustó que yo te hablara así y cambiabas de tema o te agarrabas una rabieta y además siempre había otras cosas de qué hablar, como ser, las maldades del gobierno o lo caro que está todo y no hay plata que alcance.
Ahora yo no sé si vas a poder leer esta carta, pero igual siento como una necesidad de decirte que yo contigo he sido más feliz de lo que los libros dicen que se puede. Perdóname si tantas veces me anduve quejando por bobadas.
Un día me dijiste que yo tenía cara de mujer a la que siempre se vuelve y yo te espero ahora o cuando sea y donde sea y como sea. Quiero que sepas.
Tengo marcado en el pecho todos los días que el tiempo no me dejó estar aquí. Tengo una fe que madura que va conmigo y me cura desde que te conocí.
Tengo una huella perdida entre tu sombra y la mía que no me deja mentir. Soy una moneda en la fuente, tú mi deseo pendiente, mis ganas de revivir.
Tengo una mañana constante y una acuarela esperando verte pintado de azul. Tengo tu amor y tu suerte y un caminito empinado. Tengo el mar del otro lado, tú eres mi norte y mi sur.
Hoy voy a verte de nuevo, voy a envolverme en tu ropa. Susúrrame en tu silencio cuando me veas llegar. Hoy voy a verte de nuevo, voy a alegrar tu tristeza. Vamos a hacer una fiesta pa' que este amor crezca más.
Tengo una frase colgada entre mi boca y mi almohada que me desnuda ante ti. Tengo una playa y un pueblo que me acompañan de noche cuando no estás junto a mí.
Tengo una mañana constante y una acuarela esperando verte pintado de azul. Tengo tu amor y tu suerte y un caminito empinado. Tengo el mar del otro lado, tú eres mi norte y mi sur.
Hoy voy a verte de nuevo, voy a envolverme en tu ropa. Susúrrame en tu silencio cuando me veas llegar. Hoy voy a verte de nuevo, voy a alegrar tu tristeza. Vamos a hacer una fiesta pa' que este amor crezca más.
Hoy voy a verte de nuevo, voy a envolverme en tu ropa. Susúrrame en tu silencio cuando me veas llegar. Hoy voy a verte de nuevo, voy a alegrar tu tristeza. Vamos a hacer una fiesta pa' que este amor crezca más.
¡Un hijo, un hijo, un hijo! Yo quise un hijo tuyo
y mío, allá en los días del éxtasis ardiente,
en los que hasta mis huesos temblaron de tu arrullo
y un ancho resplandor creció sobre mi frente.
Decía: ¡un hijo!, como el árbol conmovido
de primavera alarga sus yemas hacia el cielo.
¡Un hijo con los ojos de Cristo engrandecidos,
la frente de estupor y los labios de anhelo!
Sus brazos en guirnalda a mi cuello trenzados;
el río de mi vida bajando a él, fecundo,
y mis entrañas como perfume derramado
ungiendo con su marcha las colinas del mundo.
Al cruzar una madre grávida, la miramos
con los labios convulsos y los ojos de ruego,
cuando en las multitudes con nuestro amor pasamos.
¡Y un niño de ojos dulces nos dejó como ciegos!
En las noches, insomne de dicha y de visiones,
la lujuria de fuego no descendió a mi lecho.
Para el que nacería vestido de canciones
yo extendía mi brazo, yo ahuecaba mi pecho…
El sol no parecíame, para bañarlo, intenso;
mirándome, yo odiaba, por toscas, mis rodillas;
mi corazón, confuso, temblaba al don inmenso;
¡y un llanto de humildad regaba mis mejillas!
Y no temí a la muerte, disgregadora impura;
los ojos de él libraron los tuyos de la nada,
y a la mañana espléndida o a la luz insegura
yo hubiera caminado bajo de esa mirada…
II
Ahora tengo treinta años, y mis sienes jaspea
la ceniza precoz de la muerte. En mis días,
como la lluvia eterna de los polos, gotea
la amargura con lágrimas lentas, salobre y fría.
Mientras arde la llama del pino, sosegada,
mirando a mis entrañas pienso qué hubiera sido
un hijo mío, infante con mi boca cansada,
mi amargo corazón y mi voz de vencido.
Y con tu corazón, el fruto de veneno,
y tus labios que hubieran otra vez renegado.
Cuarenta lunas él no durmiera en mi seno,
que sólo por ser tuyo me hubiese abandonado.
Y en qué huertas en flor, junto a qué aguas corrientes
lavara, en primavera, su sangre de mi pena,
si fui triste en las landas y en las tierras clementes,
y en toda tarde mística hablaría en sus venas.
Y el horror de que un día, con la boca quemante
de rencor, me dijera lo que dije a mi padre:
«¿Por qué ha sido fecunda tu carne sollozante
y se henchieron de néctar los pechos de mi madre?»
Siento el amargo goce de que duermas abajo
en tu lecho de tierra, y un hijo no meciera
mi mano, por dormir yo también sin trabajos
y sin remordimientos, bajo una zarza fiera.
Porque yo no cerrara los párpados, y loca
escuchase a través de la muerte, y me hincara,
deshechas las rodillas, retorcida la boca,
si lo viera pasar con mi fiebre en su cara.
Y la tregua de Dios a mí no descendiera:
en la carne inocente me hirieran los malvados,
y por la eternidad mis venas exprimieran
sobre mis hijos de ojos y de frente extasiados.
¡Bendito pecho mío en que a mis gentes hundo
y bendito mi vientre en que mi raza muere!
¡La cara de mi madre ya no irá por el mundo
ni su voz sobre el viento, trocada en miserere!
La selva hecha cenizas retoñará cien veces
y caerá cien veces, bajo el hacha, madura.
Caeré para no alzarme en el mes de las mieses;
conmigo entran los míos a la noche que dura.
Y como si pagara la deuda de una raza,
taladran los dolores mi pecho cual colmena.
Vivo una vida entera en cada hora que pasa;
como el río hacia el mar, van amargas mis venas.
Mis pobres muertos miran el sol y los ponientes
con un ansia tremenda, porque ya en mí se ciegan.
Se me cansan los labios de las preces fervientes
que antes que yo enmudezca por mi canción entregan.
No sembré por mi troje, no enseñé para hacerme
un brazo con amor para la hora postrera,
cuando mi cuello roto no pueda sostenerme
y mi mano tantee la sábana ligera.
Apacenté los hijos ajenos, colmé el troje
con los trigos divinos, y sólo a Ti espero,
¡Padre nuestro que estás en los cielos!, recoge
mi cabeza mendiga, si en esta noche muero.
De tu idioma transparente
como el agua
entendí tu belleza.
Madreselva que me gritas sin palabras:
de tu suelo florecen tristezas.
Tierra en erupción,
lamento
que atraviesa el corazón,
hoy tu dolor es mi dolor,
alcemos la voz.
Hoy he vuelto a soñar y a creer
en un sol que no se apaga.
Sentiremos la lluvia caer
mientras arde la llama.
De las aves cuando
cruzan los glaciares,
del camino que se hace,
del instinto de ese niño
cuando nace
aprendí la constancia del mar.
Ley de libertad,
de fuerza y de respeto a la verdad,
Hoy tu dolor es mi dolor,
Levanta tu voz..
Hoy he vuelto a soñar y a creer
en un sol que no se apaga.
Sentiremos la lluvia caer
mientras arde la llama.
Una noche te dije:
-Quien no tiene secretos nunca tendrá piedad. Llovía, pero abriste una ventana. La tormenta era azul dentro del bosque. La mancha roja de las rosas se extendía por el corazón de los jardines. y el mundo era un mundo de otra época: como la vez que estábamos en una casa abandonada viendo un incendio antiguo.
Arrastraba un carrito de palos de golf y enseguida atrapó mi mirada. El carrito estaba repleto, pero no de hierros, sino de un totum revolutum que no acerté a encasillar porque sólo sobresalían ropa, algo que parecía un parchís, una baguette,... Ralenticé mi paso para no tener que sobrepasarlo y averiguar más de esa extraña situación. Me lo imaginé abriendo un deportivo y metiendo dentro lo que sería una maleta de vacaciones original.
Llevaba un buen rato tras él sin que apareciera el deportivo, de modo que recuperé la marcha normal para seguir mi camino. A medida que me iba acercando buscaba otro ángulo de visión que me permitiera descubrir su cara, pero me detuve en su mano, que sostenía un hierro no sé de qué número, pero muy elegante. Las ganas de ver su rostro se frenaron por la renovada curiosidad de saber su destino, de modo que volví al caminar paseante y sin prisa, aumentando la distancia.
Casi me decepcionó ver que cruzaba la calle hacia un contenedor de basura. Después de todo, sólo se iba a deshacer de unos trastos. Abrió la tapadera y, en una décima de segundo, sufrí un metafórico golpe en la cabeza con ese elegante palo de golf cuando vi que, lejos de lanzar nada dentro, removía el contenido con el bastón y atrapaba lo que creía que faltaba en su carrito.
No pude verle la cara, pero le imaginé una expresión como la mía propia después de la sacudida: reconcentrada a la vez que perdida.
Fayando y fayando Te largue parao... Cuando estés bien en la vía, Sin rumbo, desesperao... Cuando no tengas ni fe, Ni yerba de ayer Secándose al sol...
Cuando rajés los tamangos Buscando ese mango Que te haga morfar... La indiferencia del mundo Que es sordo y es mudo Recién sentirás.
Verás que todo es mentira Verás que nada es amor Que al mundo nada le importa Yira... yira...
Aunque te quiebre la vida, Aunque te muerda un dolor, No esperes nunca una ayuda, Ni una mano, ni un favor.
Cuando estén secas las pilas De todos los timbres Que vos apretás, Buscando un pecho fraterno Para morir abrazao... Cuando te dejen tirao, Después de cinchar, Lo mismo que a mí... Cuando manyés que a tu lado Se prueban la ropa Que vas a dejar... Te acordarás de este otario Que un día, cansado,
Se puso a ladrar.
(Letra y música: Enrique Santos Discépolo. Intérprete: Carlos Gardel)
El único fracaso de verdad es no llegar a intentarlo y el éxito se mide por cómo afrontamos la decepción, que siempre llega.
Vinimos aquí y lo intentamos, todos nosotros, a nuestra manera.
¿Acaso no es normal que nos sintamos demasiado viejos para cambiar, que nos asuste demasiado la decepción para empezar todo de nuevo?
Por la mañana nos levantamos y hacemos cuanto podemos. Todo lo demás no importa.
Pero también es cierto que la persona que no arriesga nada no consigue nada, no tiene nada. Lo único que sabemos del futuro es que será distinto, pero quizá nuestro temor es que todo siga siendo igual, por eso debemos celebrar los cambios, porque como dijo alguien una vez: Al final, todo saldrá bien y si no sale bien, hacedme caso, es que aún no es el final." (Ol Parker, guionista de El exótico hotel Marigold)
Alguna vez leí un libro, o vi una película, o alguien me contó un
hecho real, con el siguiente argumento: un oficial de marina metió de
contrabando a su amada en el camarote de un barco de guerra, y vivieron
un amor desaforado dentro de aquel recinto opresivo, sin que nadie los
descubriera, durante varios años. A quien sepa quién es el autor de esta
bellísima historia le ruego que me lo haga saber de urgencia, pues lo
he preguntado a tantos y tantos que no lo saben, que ya empiezo a
sospechar que a lo mejor se me ocurrió a mí alguna vez y ya no lo
recuerdo. Gracias.
Copyright 1984. Gabriel García Márquez-ACI. Fragmento de un artículo publicado el 25 de enero de 1984 (El Paìs de Madrid)
Vídeo por: Ananena (Escuela de Música de Vitigudino)
Tu beso se hizo calor,
luego el calor, movimiento,
luego gota de sudor
que se hizo vapor, luego viento
que en un rincón de La Rioja
movió el aspa de un molino
mientras se pisaba el vino
que bebió tu boca roja.
Tu boca roja en la mía,
la copa que gira en mi mano,
y mientras el vino caía
supe que de algún lejano
rincón de otra galaxia,
el amor que me darías,
transformado, volvería
un día a darte las gracias.
Cada uno da lo que recibe
luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.
El vino que pagué yo
con aquel euro italiano
que había estado en un vagón
antes de estar en mi mano,
y antes de eso en Torino,
y antes de Torino, en Prato,
donde hicieron mi zapato
sobre el que caería el vino.
Zapato que en unas horas
buscaré bajo tu cama
con las luces de la aurora,
junto a tus sandalias planas
que compraste aquella vez
en Salvador de Bahía,
donde a otro diste el amor
que hoy yo te devolvería...
Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.
Daniela por dentro está llena de puertas,
unas cerradas, otras abiertas.
Daniela por dentro está llena de puertas
a veces sales y a veces entras.
Daniela es del viento y a veces se entrega,
y pierde cosas, pero otras quedan.
Daniela es un árbol, un libro, una abeja,
volando entre tantas en una colmena.
Y a veces es difícil ser
y lo que hay
no siempre es lo que es
y lo que es
no es siempre lo que ves.
Daniela por dentro está llena de puertas,
unas cerradas, otras abiertas.
Daniela respira y a veces se cuelga,
a veces no sabes si es ella o no es ella.
Daniela no entiende de todo y espera
que alguien le calme sus noches en vela.
Y a veces es difícil ser
y lo que hay
no siempre es lo que es
y lo que es
no es siempre lo que ves.
Daniela por dentro está llena de puertas,
unas cerradas, otras abiertas.
Daniela por dentro está llena de puertas
a veces sales y a veces entras.