Un libro del siglo XVI rezaba: "los magos dicen que si una persona se frota a sí misma con un diente de león será bienvenido en todas partes y obtendrá lo que desee".
y dedicado a una lejana y largamente soñada quimera:
atrapar la luna)
"Con
la cámara de María... tiene un 24x, que si lo pones en modo jpg y
reduces la resolucion pasa a ser un 36 o más... si no tienes zoom al
menos x10 y que la calidad sea buena, olvídate.... tienes que enfocar la
luna con iso 100, máximo iso 400"
Abre la puerta, no digas nada,
deja que entre el sol.
Deja de lado los contratiempos,
tanta fatalidad,
porque creo en ti cada mañana
aunque a veces tú no creas nada.
Abre tus alas al pensamiento
y déjate llevar;
vive y disfruta cada momento
con toda intensidad,
porque creo en ti cada mañana
aunque a veces tú no creas nada.
Sentir que aún queda tiempo
para intentarlo, para cambiar tu destino.
Y tú, que vives tan ajeno,
nunca ves más allá
de un duro y largo invierno.
Abre tus ojos a otras miradas
anchas como la mar.
Rompe silencios y barricadas,
cambia la realidad,
porque creo en ti cada mañana
aunque a veces tú no creas nada.
Sentir que aún queda tiempo
para intentarlo, para cambiar tu destino
Abre la puerta, no digas nada.
A menudo me he sonreído para mis
adentros cuando he escuchado que tener una mascota garantiza el que
seas un amante de la humanidad. Y me he sonreído porque quienes abandonan a sus mascotas, maltratan a sus mascotas, descuidan
a sus mascotas,... son precisamente personas que tienen mascotas. De
los otros no podemos inferir cuál sería su comportamiento hacia los
animales. Mucho menos sentido tiene identificar a un amante de SU
mascota con alguien altruista y amable con el planeta y el universo. Podría citar algunos casos, pero no quiero meterme en jardines.
Esto viene al hilo del shock tan fuerte
que me produce quien defiende a un ser vivo de la violencia ejercida
por otro, y para esa defensa utiliza, precisamente, la violencia. Es
como ser defensor, a la vez, de la vida y de la pena de muerte. No le
veo la lógica. Quizá mi capacidad de comprensión es muy básica y
espero que quien sufre con la violencia lo haga en términos
absolutos, y no justificándola en determinados casos (incluidos, curiosamente, los casos en los que la ejerce el propio antiviolencia).
Pero me desvío del tema porque, más
allá de toda esa lógica que me resulta tan ilógica, lo que de
verdad quiero expresar es lo terriblemente equivocado que es intentar
un cambio de actitud en otro ejerciendo la agresión, la imposición,
el acoso, la intimidación... En el caso del Toro de la Vega, el
grado de violencia verbal, el boicot que se hace a todo el pueblo,
incluidas manifestaciones culturales que nada tienen que ver con la
cruenta práctica, el tomar el todo por las partes, la identificación de todos los individuos del
pueblo como si de una sola entidad se tratara, el juicio sobre sus
valores en general, más allá de lo que se circunscribe a esa odiosa
práctica,... en fin, el trato unificado y unificador, generalizado y generalizador, que se da a
tantos seres distintos de sensibilidades tan diferentes, consigue el efecto contrario al cambio impuesto desde fuera.
Los fenómenos identitarios se dan en grupos sociales de distinta índole: hinchadas futboleras, tribus del tipo que sea, gremios, familias, naciones, compañeros de mus o de religión... y sus
mecanismos son bastante complejos en general. Lo que sí parece más
que probado es que no hay nada que cohesione más a un grupo, que le
dé más identidad (incluso convirtiendo en grupo a un colectivo que no funcionaba como tal), que la amenaza externa contra todos ellos.
La
suegra puede pelearse con el yerno, los cuñados pueden mantener
posturas ideológicas totalmente discrepantes, el grupo familiar
puede tener tantos conflictos internos que difícilmente ningún
observador podría considerar que exista algo que los una. Ahora
bien, si aparece un grupo externo que los trata como unidad, los
califica a todos ellos en los mismos términos, estará
ayudándoles/obligándoles a etiquetarse bajo una característica
común. Si encima a lo que viene ese grupo extranjero es a ofender
a todos por lo que hace uno, a agredir, a robar, humillar, imponer, tiranizar...
¡lo que sea!, el grupo autóctono se verá como lo ven los otros: como
una sola entidad, y como una sola entidad responderá. Se
radicalizará en sus posiciones y, si antes de la llegada del grupo
agresor había grietas y discrepancias entre ellos, se disolverán
para proteger, más que una costumbre atávica y sangrienta, la
propia existencia, la propia identidad. Lo hemos visto repetido
miles de veces con los procesos nacionalistas: cuanto mayor es la
agresión externa ("¡Habría que hacer entrar a los tanques en Cataluña!" "Cualquiera con aspecto de musulmán, sea cual sea su religión, deberá pasar diez controles más en el aeropuerto",...), mayor
es el número de adeptos dispuestos a besar y defender una bandera o
una ideología o una costumbre que, antes de la amenaza, a lo mejor
hasta se permitían cuestionar.
Recriminamos a un familiar por tirar
basura a la calle, pero si viene un tipo del portal de enfrente y nos
llama a los dos, a mi familiar y a mí, cerdos y nos pone a caer de
un burro, posiblemente terminaré defendiendo una actitud que hace
unos segundos me parecía nefasta, y haciendo frente común con mi
familiar. Y no porque sea mi familiar, sino porque el tipo de
enfrente nos ha convertido, él solito, en grupo, y en términos negativos.
No es acertado, no, ni de justicia, cercar a todo un
pueblo, de niños, adultas, panaderos, abuelas, escritores,
ganaderas, aficionadas al Atletic, fútbolfóbicos, melómanas,
titiriteros, analfabetas musicales, taurinas, antitaurinos, rubios,
delgaditas, gigantes, desastradas, fashion victim, tíos, bibliófilas, sobrinos,
hipsters, melancólicos, románticos, guerrilleras, comilonas,
deportistas, estudiantes, manifestantes, cocineros... No es acertado
asediarles a todos ellos vistiéndoles de monstruo único. Porque ese
monstruo único y gigantesco al principio sólo está en el
imaginario del que le odia y quiere aniquilarlo, pero, a fuerza de oír
constantemente su nombre y sus imaginadas cualidades, el millar de
individuos distintos e individuales que actuaban como tales, puede terminar autocumpliendo la
profecía y satisfaciendo las expectativas del que espera lo peor de ellos.
Posiblemente el toro de la Vega jamás
ha tenido tantos defensores como ahora que se agrede no sólo a quien
defiende la práctica sino hasta quien respira alrededor. Y
posiblemente esa acérrima defensa se vendrá abajo en cuanto un
extraño deje de intentar obligarles a hacer lo que él quiere sólo porque él lo quiere (y viene con otros mil que quieren lo mismo que él).
Incluso aun cuando mi filosofía coincida con la del que tengo
enfrente, si pretende tiranizarme terminaré adoptando posturas
contrarias y hasta cambiaré mi naturaleza misma. Y todo por proteger mi identidad. Una identidad por la que no me sentía representado antes de la amenaza. Pero también la mía, la aunténtica, engullida por la que me atribuyen, y que también veo peligrar incluso físicamente.
Hay formas mejores y, sobre todo,
más eficaces de acabar con una costumbre lapidaria que usando la lapidación. Y
si no, que se lo pregunten a las cabras de Manganeses.
Hemos preguntado por todas partes y nadie sabe dar cuenta de tu paradero.
En los cuarteles se ríen de mí cuando pregunto. Ellos dicen que te habrás ido con otra, pero yo sé que te han metido preso de nuevo porque vino un amigo tuyo que sabe y me lo dijo. Me pregunto adónde andarás. Los sufrimientos que estarás pasando ya me los imagino. Puede ser que esta carta te llegue y puede ser que no, pero lo mismo la voy a llevar a ver qué pasa.
Dice el Yuyo que te manda un chicle globero, porque vos sabés hacer buenos globos, globos grandes, que vuelan, y así te metés adentro del globo y te escapás. Dice que cuando vuelvas le traigas un paraguas y un helado. Hoy se levantó muy temprano para pedirle que vuelvas al lucero del alba.
El Yuyo es una maquinita de hacer preguntas. Me tiene loca con las preguntas. ¿Cuándo empezará todo de nuevo? ¿Cuándo empezará todo otra vez, del año 1 en adelante? ¿Cuántos segundos demora en pasar un siglo?
A veces me dice que está deseando nacer y está deseando crecer, pero a veces me dice que quiere volver a meterse en mi barriga.
Camina mucho solo, anda por ahí, sin darse con nadie. A cuanto tipo de uniforme ve por la calle, aunque sea un portero de hotel, le pregunta: ¿Cuándo me vas a devolver a mi papá? Dice que los va a fulminar a todos con el rayo ultra-seven y les patea los tobillos y sale corriendo.
Yo también te extraño mucho. Olvidate de todas las cosas feas que te tengo dichas y las veces que yo no te entendía. Solamente quiero quevuelvas. Quiero que estemos juntos por un rato aunque sea y quiero decirteque sos lo mejor que me ha pasado en la vida.
Nunca te gustó que yo te hablara así y cambiabas de tema o te agarrabas una rabieta y además siempre había otras cosas de qué hablar, como ser, las maldades del gobierno o lo caro que está todo y no hay plata que alcance.
Ahora yo no sé si vas a poder leer esta carta, pero igual siento como una necesidad de decirte que yo contigo he sido más feliz de lo que los libros dicen que se puede. Perdóname si tantas veces me anduve quejando por bobadas.
Un día me dijiste que yo tenía cara de mujer a la que siempre se vuelve y yo te espero ahora o cuando sea y donde sea y como sea. Quiero que sepas.
Tengo marcado en el pecho todos los días que el tiempo no me dejó estar aquí. Tengo una fe que madura que va conmigo y me cura desde que te conocí.
Tengo una huella perdida entre tu sombra y la mía que no me deja mentir. Soy una moneda en la fuente, tú mi deseo pendiente, mis ganas de revivir.
Tengo una mañana constante y una acuarela esperando verte pintado de azul. Tengo tu amor y tu suerte y un caminito empinado. Tengo el mar del otro lado, tú eres mi norte y mi sur.
Hoy voy a verte de nuevo, voy a envolverme en tu ropa. Susúrrame en tu silencio cuando me veas llegar. Hoy voy a verte de nuevo, voy a alegrar tu tristeza. Vamos a hacer una fiesta pa' que este amor crezca más.
Tengo una frase colgada entre mi boca y mi almohada que me desnuda ante ti. Tengo una playa y un pueblo que me acompañan de noche cuando no estás junto a mí.
Tengo una mañana constante y una acuarela esperando verte pintado de azul. Tengo tu amor y tu suerte y un caminito empinado. Tengo el mar del otro lado, tú eres mi norte y mi sur.
Hoy voy a verte de nuevo, voy a envolverme en tu ropa. Susúrrame en tu silencio cuando me veas llegar. Hoy voy a verte de nuevo, voy a alegrar tu tristeza. Vamos a hacer una fiesta pa' que este amor crezca más.
Hoy voy a verte de nuevo, voy a envolverme en tu ropa. Susúrrame en tu silencio cuando me veas llegar. Hoy voy a verte de nuevo, voy a alegrar tu tristeza. Vamos a hacer una fiesta pa' que este amor crezca más.
¡Un hijo, un hijo, un hijo! Yo quise un hijo tuyo
y mío, allá en los días del éxtasis ardiente,
en los que hasta mis huesos temblaron de tu arrullo
y un ancho resplandor creció sobre mi frente.
Decía: ¡un hijo!, como el árbol conmovido
de primavera alarga sus yemas hacia el cielo.
¡Un hijo con los ojos de Cristo engrandecidos,
la frente de estupor y los labios de anhelo!
Sus brazos en guirnalda a mi cuello trenzados;
el río de mi vida bajando a él, fecundo,
y mis entrañas como perfume derramado
ungiendo con su marcha las colinas del mundo.
Al cruzar una madre grávida, la miramos
con los labios convulsos y los ojos de ruego,
cuando en las multitudes con nuestro amor pasamos.
¡Y un niño de ojos dulces nos dejó como ciegos!
En las noches, insomne de dicha y de visiones,
la lujuria de fuego no descendió a mi lecho.
Para el que nacería vestido de canciones
yo extendía mi brazo, yo ahuecaba mi pecho…
El sol no parecíame, para bañarlo, intenso;
mirándome, yo odiaba, por toscas, mis rodillas;
mi corazón, confuso, temblaba al don inmenso;
¡y un llanto de humildad regaba mis mejillas!
Y no temí a la muerte, disgregadora impura;
los ojos de él libraron los tuyos de la nada,
y a la mañana espléndida o a la luz insegura
yo hubiera caminado bajo de esa mirada…
II
Ahora tengo treinta años, y mis sienes jaspea
la ceniza precoz de la muerte. En mis días,
como la lluvia eterna de los polos, gotea
la amargura con lágrimas lentas, salobre y fría.
Mientras arde la llama del pino, sosegada,
mirando a mis entrañas pienso qué hubiera sido
un hijo mío, infante con mi boca cansada,
mi amargo corazón y mi voz de vencido.
Y con tu corazón, el fruto de veneno,
y tus labios que hubieran otra vez renegado.
Cuarenta lunas él no durmiera en mi seno,
que sólo por ser tuyo me hubiese abandonado.
Y en qué huertas en flor, junto a qué aguas corrientes
lavara, en primavera, su sangre de mi pena,
si fui triste en las landas y en las tierras clementes,
y en toda tarde mística hablaría en sus venas.
Y el horror de que un día, con la boca quemante
de rencor, me dijera lo que dije a mi padre:
«¿Por qué ha sido fecunda tu carne sollozante
y se henchieron de néctar los pechos de mi madre?»
Siento el amargo goce de que duermas abajo
en tu lecho de tierra, y un hijo no meciera
mi mano, por dormir yo también sin trabajos
y sin remordimientos, bajo una zarza fiera.
Porque yo no cerrara los párpados, y loca
escuchase a través de la muerte, y me hincara,
deshechas las rodillas, retorcida la boca,
si lo viera pasar con mi fiebre en su cara.
Y la tregua de Dios a mí no descendiera:
en la carne inocente me hirieran los malvados,
y por la eternidad mis venas exprimieran
sobre mis hijos de ojos y de frente extasiados.
¡Bendito pecho mío en que a mis gentes hundo
y bendito mi vientre en que mi raza muere!
¡La cara de mi madre ya no irá por el mundo
ni su voz sobre el viento, trocada en miserere!
La selva hecha cenizas retoñará cien veces
y caerá cien veces, bajo el hacha, madura.
Caeré para no alzarme en el mes de las mieses;
conmigo entran los míos a la noche que dura.
Y como si pagara la deuda de una raza,
taladran los dolores mi pecho cual colmena.
Vivo una vida entera en cada hora que pasa;
como el río hacia el mar, van amargas mis venas.
Mis pobres muertos miran el sol y los ponientes
con un ansia tremenda, porque ya en mí se ciegan.
Se me cansan los labios de las preces fervientes
que antes que yo enmudezca por mi canción entregan.
No sembré por mi troje, no enseñé para hacerme
un brazo con amor para la hora postrera,
cuando mi cuello roto no pueda sostenerme
y mi mano tantee la sábana ligera.
Apacenté los hijos ajenos, colmé el troje
con los trigos divinos, y sólo a Ti espero,
¡Padre nuestro que estás en los cielos!, recoge
mi cabeza mendiga, si en esta noche muero.
De tu idioma transparente
como el agua
entendí tu belleza.
Madreselva que me gritas sin palabras:
de tu suelo florecen tristezas.
Tierra en erupción,
lamento
que atraviesa el corazón,
hoy tu dolor es mi dolor,
alcemos la voz.
Hoy he vuelto a soñar y a creer
en un sol que no se apaga.
Sentiremos la lluvia caer
mientras arde la llama.
De las aves cuando
cruzan los glaciares,
del camino que se hace,
del instinto de ese niño
cuando nace
aprendí la constancia del mar.
Ley de libertad,
de fuerza y de respeto a la verdad,
Hoy tu dolor es mi dolor,
Levanta tu voz..
Hoy he vuelto a soñar y a creer
en un sol que no se apaga.
Sentiremos la lluvia caer
mientras arde la llama.
Una noche te dije:
-Quien no tiene secretos nunca tendrá piedad. Llovía, pero abriste una ventana. La tormenta era azul dentro del bosque. La mancha roja de las rosas se extendía por el corazón de los jardines. y el mundo era un mundo de otra época: como la vez que estábamos en una casa abandonada viendo un incendio antiguo.
Arrastraba un carrito de palos de golf y enseguida atrapó mi mirada. El carrito estaba repleto, pero no de hierros, sino de un totum revolutum que no acerté a encasillar porque sólo sobresalían ropa, algo que parecía un parchís, una baguette,... Ralenticé mi paso para no tener que sobrepasarlo y averiguar más de esa extraña situación. Me lo imaginé abriendo un deportivo y metiendo dentro lo que sería una maleta de vacaciones original.
Llevaba un buen rato tras él sin que apareciera el deportivo, de modo que recuperé la marcha normal para seguir mi camino. A medida que me iba acercando buscaba otro ángulo de visión que me permitiera descubrir su cara, pero me detuve en su mano, que sostenía un hierro no sé de qué número, pero muy elegante. Las ganas de ver su rostro se frenaron por la renovada curiosidad de saber su destino, de modo que volví al caminar paseante y sin prisa, aumentando la distancia.
Casi me decepcionó ver que cruzaba la calle hacia un contenedor de basura. Después de todo, sólo se iba a deshacer de unos trastos. Abrió la tapadera y, en una décima de segundo, sufrí un metafórico golpe en la cabeza con ese elegante palo de golf cuando vi que, lejos de lanzar nada dentro, removía el contenido con el bastón y atrapaba lo que creía que faltaba en su carrito.
No pude verle la cara, pero le imaginé una expresión como la mía propia después de la sacudida: reconcentrada a la vez que perdida.
Fayando y fayando Te largue parao... Cuando estés bien en la vía, Sin rumbo, desesperao... Cuando no tengas ni fe, Ni yerba de ayer Secándose al sol...
Cuando rajés los tamangos Buscando ese mango Que te haga morfar... La indiferencia del mundo Que es sordo y es mudo Recién sentirás.
Verás que todo es mentira Verás que nada es amor Que al mundo nada le importa Yira... yira...
Aunque te quiebre la vida, Aunque te muerda un dolor, No esperes nunca una ayuda, Ni una mano, ni un favor.
Cuando estén secas las pilas De todos los timbres Que vos apretás, Buscando un pecho fraterno Para morir abrazao... Cuando te dejen tirao, Después de cinchar, Lo mismo que a mí... Cuando manyés que a tu lado Se prueban la ropa Que vas a dejar... Te acordarás de este otario Que un día, cansado,
Se puso a ladrar.
(Letra y música: Enrique Santos Discépolo. Intérprete: Carlos Gardel)
El único fracaso de verdad es no llegar a intentarlo y el éxito se mide por cómo afrontamos la decepción, que siempre llega.
Vinimos aquí y lo intentamos, todos nosotros, a nuestra manera.
¿Acaso no es normal que nos sintamos demasiado viejos para cambiar, que nos asuste demasiado la decepción para empezar todo de nuevo?
Por la mañana nos levantamos y hacemos cuanto podemos. Todo lo demás no importa.
Pero también es cierto que la persona que no arriesga nada no consigue nada, no tiene nada. Lo único que sabemos del futuro es que será distinto, pero quizá nuestro temor es que todo siga siendo igual, por eso debemos celebrar los cambios, porque como dijo alguien una vez: Al final, todo saldrá bien y si no sale bien, hacedme caso, es que aún no es el final." (Ol Parker, guionista de El exótico hotel Marigold)
Alguna vez leí un libro, o vi una película, o alguien me contó un
hecho real, con el siguiente argumento: un oficial de marina metió de
contrabando a su amada en el camarote de un barco de guerra, y vivieron
un amor desaforado dentro de aquel recinto opresivo, sin que nadie los
descubriera, durante varios años. A quien sepa quién es el autor de esta
bellísima historia le ruego que me lo haga saber de urgencia, pues lo
he preguntado a tantos y tantos que no lo saben, que ya empiezo a
sospechar que a lo mejor se me ocurrió a mí alguna vez y ya no lo
recuerdo. Gracias.
Copyright 1984. Gabriel García Márquez-ACI. Fragmento de un artículo publicado el 25 de enero de 1984 (El Paìs de Madrid)
Vídeo por: Ananena (Escuela de Música de Vitigudino)
Tu beso se hizo calor,
luego el calor, movimiento,
luego gota de sudor
que se hizo vapor, luego viento
que en un rincón de La Rioja
movió el aspa de un molino
mientras se pisaba el vino
que bebió tu boca roja.
Tu boca roja en la mía,
la copa que gira en mi mano,
y mientras el vino caía
supe que de algún lejano
rincón de otra galaxia,
el amor que me darías,
transformado, volvería
un día a darte las gracias.
Cada uno da lo que recibe
luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.
El vino que pagué yo
con aquel euro italiano
que había estado en un vagón
antes de estar en mi mano,
y antes de eso en Torino,
y antes de Torino, en Prato,
donde hicieron mi zapato
sobre el que caería el vino.
Zapato que en unas horas
buscaré bajo tu cama
con las luces de la aurora,
junto a tus sandalias planas
que compraste aquella vez
en Salvador de Bahía,
donde a otro diste el amor
que hoy yo te devolvería...
Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.
Daniela por dentro está llena de puertas,
unas cerradas, otras abiertas.
Daniela por dentro está llena de puertas
a veces sales y a veces entras.
Daniela es del viento y a veces se entrega,
y pierde cosas, pero otras quedan.
Daniela es un árbol, un libro, una abeja,
volando entre tantas en una colmena.
Y a veces es difícil ser
y lo que hay
no siempre es lo que es
y lo que es
no es siempre lo que ves.
Daniela por dentro está llena de puertas,
unas cerradas, otras abiertas.
Daniela respira y a veces se cuelga,
a veces no sabes si es ella o no es ella.
Daniela no entiende de todo y espera
que alguien le calme sus noches en vela.
Y a veces es difícil ser
y lo que hay
no siempre es lo que es
y lo que es
no es siempre lo que ves.
Daniela por dentro está llena de puertas,
unas cerradas, otras abiertas.
Daniela por dentro está llena de puertas
a veces sales y a veces entras.
Brutal cortometraje que, más de 20 años después y contrariamente a lo que cabría esperar, puede utilizar como referencia muchas otras "islas de las flores".
Esa mujer ya no era yo. Esperé tanto una mesa contigo, una sombra de ti, un paseo hacia mí,... una risa tuya sobre mi vientre o una lágrima impotente tras mis ausencias. Un pasaporte de ida sin vuelta a tu Ítaca, un rasgo mínimo de locura ante mis cantos sirénidos... Esperé tanto tan poco que terminé despenelopeizándome.
Mientras destramaba, esta vez para siempre, mis delirios oníricos del telar imposible y enfermizamente eterno, interrumpió mi tarea un suplantador confuso y confundido que reclamaba la paternidad de tus hijos, el dominio legítimo de mis poemas, los derechos de autor sobre los atardeceres del pasado y el monopolio absoluto de mis futuros amaneceres. Lo tomé por lo que era: un pobre loco que, invistiéndome en Ariadna, venía a salvarme de este falso laberinto, un Teseo desubicado que contaba tan sólo con el ovillo de mis palabras, letras encadenadas en que alguna vez te inventé, mi inretornado Ulises.
No logró suplantarte y, sin embargo, esa convicción suya al decir ser el auténtico destino de cartas que no llevaban dirección aunque llevaran rumbo, esa facilidad para convertir en suyo lo ajeno, ese descaro al reclamar el protagonismo de mis sueños... me llevó frente a la esfinge y la vencí.
Jamás volví a querer un periquito, ni practiqué origami, ni me vestí de rosa. Ya nunca quise ser tu Magdalena, tu quiromante, tu adalid, tu peluquera... Dejé de perseguirte en todas ellas, dejé de desdoblarme y triplicarme, dejé de publicarme en tus buzones, de correr tras tu cartero, bucear en tu trastero y quedarme enganchada en tus rosales... Me cubrí del personaje de mi vida: pirata imazighen y sin remedio al asalto impenitente de tus pecios.
No lo conseguí, mamá, Pero no se lo digas a los hermanos, Ni a papá. Diles que llegue a ese lugar del que tanto nos hablaba el abuelo donde los tanques echan agua y las balas son de caramelo que aquí no me falta el pan ni el dinero para pagar. Que sigan luchando Por un mundo mejor. Diles que vivo en Italia Y que mi barco no se hundió.
Veo tu casa desde mi balcón,
chimeneas y tu ropa al sol,
aviones plateados rozando los tejados,
vestido y en la cama vigilo tu ventana.
Miro libros de pintura que robé,
no tengo hambre, hoy no comeré.
No sé de qué me quejo,
ya tengo lo que quiero,
soy libre ante el espejo,
no salgo ahora que puedo.
Y tú siempre dices que soy
un alma del averno,
tendré que darte la razón,
quizá sea cierto.
Siempre suelo querer lo que no tengo
y ahora que ya no estás aquí
me voy consumiendo.
Ropa sucia, cuadros que he pintao,
discos viejos, tó por ahí tirao.
Barba de 15 días,
no me levantaría,
desorden en campaña,
ahora sé que me engaña.
Credenciales de posesión
¡qué tontería!
estos celos me han abrasao,
no sé qué me creía.
Y yo que decía: "por fin,
ahora la tengo",
y ya estaba a vuelta de tó,
a ver si aprendo.
Y tu carta me confundió,
ahora lo entiendo,
tu mirada me lo advirtió
nunca más vuelvo...